Día 1: el vuelo

Personal

Es la 1:55 am. El avión atraviesa el … Pacífico? No puedo dormir. Bah, me dormí mirando la película “Aliados” con Brad Pitt y “la Cotillón” así que calculo que dormí dos horas o menos. Nada para todo lo que me falta. No encuentro posición en el asiento del avión y deseo ser de los afortunados que pueden pagarse un súper asiento de esos anchos que vi al entrar al avión. “Algún día” me dije por dentro mientras sonreía para mí. “Algún día”… “Porqué no?” Me pareció escuchar la respuesta de mi madre. Ella me hubiese dado esa respuesta.

Nada de lo que uno pueda imaginar para ella puede ser imposible. Todo puede darse.

De hecho nunca se imaginó estar en un avión similar a esta atravesando exactamente el mismo camino varios años atrás yendo a visitar a su hermano. Sin embargo lo pudo hacer y creo que la cambió para siempre.

Los viajes siempre te cambian. De alguna forma uno se va con una cabeza y regresa con otra, pensando diferente. Supongo que en la más mínima travesía la distancia es la responsable de eso.

La distancia hace verte de otra manera y los personajes que forman parte de las circunstancias se pueden ver más claros y observar que tan bien parados están: imagínense a ustedes mismos como un Dios gigante donde “ven” pequeñitos personajes en un tablero ante diferentes situaciones y claramente observan que tan bien o tan errados están actuando. Claro, para eso hay que ser objetivo y pararse lejos. Alejarse de todo y despegarse. Así todo resulta más claro.

El cordobes de la punta de la fila sobre el pasillo duerme a moco tendido. A ese compatriota de raíces italianas del sur (le llora la cara de tano) no le cuesta dormir. Se va por 10 días a visitar algunos países de Europa del Este.

El Chileno del medio, está medio incomodo tapado hasta los dientes y algo resfriado y con estornudos. “Falta que me gane una gripe” pienso por dentro… trabaja en Latam, la empresa en la que estamos volando, le tiramos la onda de hacernos amigos por descuentos. No tuvimos suerte. De ambos ya me olvide el nombre. Nada raro en mi: si hay algo que debería tratar es mi poca capacidad de recordar los nombres de las personas. Puedo recordar todos sus detalles, pero no sus nombres.

Del Cordobes puedo decir que trabaja en Rentas. Tiene un pequeño arito en su ojera izquierda. Ojos marrones y pestañas largas. Pelado. Y desde ya te digo que debe ser peludo. Se le nota por la zona de la barba que no tiene. Así nomas te digo. El chileno es ingeniero en sistemas, pelo ondulado y habla como… chileno obviamente. “Harto viaje” como para expresar la cantidad de días que andaré viajando. Piolas ambos.

Pensé que si ponía Enigma en mis oídos iba a dormirme como suelo hacerlo cuando viajo en colectivo. No funciona en el avión el sonido hipnótico y los beats sincronizados a los latidos y pulsaciones, así que acá estoy escribiendo en la casi oscuridad del avión.

No pienso en algo en particular. Estaba soñando con una mujer creo. O eso es lo último que veía: una mujer que me decía que era experta en … Me acaba de interrumpir la azafata para darme un pote de helado: EN TU CARA ZENIT CORDOBA-PARANÁ!

En que estaba? Ah si, la mina que estaba en mis sueños era rubia, y me decía que le muestre o cuente “algo-no-se-que” de lo que yo estaba “no-se-que” porque ella era experta en ciudades como… Alicante me dijo? Bueh algo así. Ahí me desperté.

Aguanten. Voy por el helado. Tampoco soy boludo y amante de las letras.

… Volví. El helado está bueno. No sé de qué fruta será, no lo como todo porque tengo la leve sospecha que me va a activar las ganas de “lo segundo” y tengo que despertar al Chileno y al… esperen, se despertó y está comiendo helado también. Ok. ¿Quien carajo rechazaría la oferta de helado en medio de la noche? Seamos sinceros.

Puedo ver las estrellas desde mi ventana. Awwww que romántico. No pavos, desde mi ventanilla puedo ver “algunas” estrellas. Apuesto que si apagaran todas pero todas las luces internas del avión las vería claramente, pero esos pequeños reflejos sutiles no me las dejan ver con claridad, pero ahí están. A mi derecha, el ala derecha completa: …”Problema sería que esté por la mitad” responde mi mente automáticamente a tal afirmación. Y le retruco con un: “Y si…” y así vamos charlando entre nosotros dos.

Sigue sonando Enigma. Creo que le voy a seguir entrando al helado que te apuesto es “rosita” (porque tiene sabor a ese color) y si me entran ganas de lo segundo saldré por arriba de estos dos, los baños los tengo cerca y las toallitas de bebé a mano. Casi. Muy descriptivo? Los quiero ver a ustedes atravesando el Pacífico sin poder hacer ni bosta más que escribir.

¿Jurame que ya se durmió el cordobes?! Culiaaaaa! Como envidio esa gente que da vuelta la cabeza y se duerme. Recién estaba comiendo helado!!!

Bueno basta. Hoy descubrí un nuevo disco de Enigma que no tenía, “La caída del Angel Rebelde” y acaba de sonar “La Historia del Octavo Círculo”

…”Todo va bien. Sin sorpresas. La vida de siempre. Ese es tu problema. Algo no va bien. Hay un pájaro gigante en tu cuarto que agita y bate las alas. Gerión. Listo para llevarte al Octavo Círculo. El vacío es una enfermedad. Pero si lo piensas, los que no tienen nada, nada tienen que perder. Andas buscando el Amor. Claro que si. El Amor es curativo. Pero, ¿Quien cura al Amor?”

Me sonrío. Una vez más, la música que me llega de sorpresa me habla al oído.

Actualización:

Cómo no iba a dormir me fui a caminar hasta el final del avión, a la trastienda. Ahí me las encontré a las azafatas de grandes charlas y en plena venta de accesorios hechos con piedras volcánicas y de otro tipo, cuero y detalles de metal. A los de piedras volcánicas les ponen esencias aromáticas así van despidiendo su perfume durante el día.

Estuvimos charlando de varias cosas y decidí comprar una pero para mi tobillo porque eran lo suficientemente grandes. Así que ahí la tuve a una de las azafatas prendiéndome mi “tobillera” de piedras varias.

Luego me puse a charlar con otra pasajera que tampoco había podido dormir. Venía del funeral de su madre. Cancer. Se volvía a Omán donde vive con su novio Español. Cancelaron los planes de boda por esta situación y me pidió ver fotos de mis trabajos de Bodas. Le compartí varias historias de mis parejas sobre la pérdida, sobre soltar, sobre la familia y lo que realmente es importante.

Tuve que volver a recordar varias que casi me hacen emocionar.

Son historias de vuelos supongo… afuera iba amaneciendo y pude verlo. Pensé en mi mamá. Un hermoso vuelo.

La mochila

Personal

 

Hace unos años ya, una persona especial para mí (ella sabe quién es) me dijo: “…fijate bien lo que vas a cargar en la mochila en el viaje…”

En ese momento pensé que aquel viaje iba a ser “ese” viaje, después me di cuenta que no lo había sido… terrible fue mi decepción, y mi angustia.

Hoy emprendo un nuevo viaje. Voy a tratar de no pensar demasiado si será “ese” viaje o simplemente es uno más. Trataré de sentir más y pensar menos. Lo que si sé es que esta vez solo me acompaña una mochila y está casi vacía. Nada me pesa.

Una sola mochila y yo. Miles de fotos en mi cabeza y mis recuerdos buenos y algunos no tan alegres que con los días se irán difuminando como las distancias…

Recién ahora puedo dimensionar esa frase. Pero mi mochila va liviana.

Recién ahora me entran los nervios, atrás quedan abrazos y deseos de un buen viaje. Por delante, y como dice mi padre: “Quiensaaaaaa!”

El reflejo

Personal

Tengo que escribir para no llorar.

No recuerdo haber llorado cuando me fuí a Córdoba hace más de 20 años atrás. Sí recuerdo haberlo hecho en algun otro viaje cuando regresaba sin saber lo que sería mi futuro en la ciudad que había elegid para vivir.

Hoy siento lo mismo.

No se lo que me espera. Y algo de miedo tengo. A la vez algo m e impulsa a hacerlo.

Estoy llorando como un tonto sentado en el primer asiento del colectivo. Al frente el parabrisas del colectivo mojado por la lluvia como un enorme reflejo mío. Nada podía ser más perfecto para esta situación. Pensé que no iba a pasar esto, pero pasó. Fueron dos abrazos. Uno sin lágrimas, el segundo ya no lo pude evitar, Tengo ganas de llorar a borbotones en un colectivo lleno de gente que no me conoce. Si sólo pudiese estar solo juraría que estaría gritando desconsoladamente.

No sé que es lo que viene por delante.

Todo este mes he estado tan ocupado que ni tiempo de pensar. Sólo por las noches los sueños me atacaban y me hacían recordar todo lo que estaba por venir, algunas especies de premoniciones, otras simplemente sueños. Pero en los que creo de alguna manera, para mí, todo son señales. He sido criado así y todo en el Universo me ha enseñado que es de esa manera.

Estoy saliendo al acceso de mi pueblo. No sé lo que estoy escribiendo porque no puedo ver bien la pantalla. Estoy llorando y ni ganas de buscar los pañuelos descartables. Si hay errores, sepan que mis dedos se están moviendo si saber bien por donde lo hacen.

Que será de mí? Porqué todo se ha dasí de esta manera en este tiempo? He sido yo que empujo todo ese día en este mismo acceso cuando decidí hacer lo que estoy a punto de hacer? Darme cuenta de esto ahora mismo no hace más que hacerme llorar más fuerte. Mierda.
Que fuerte todo. No estaba preparado para esto.

 

En pocos días me estaré yendo de este país, quizás sea una pavada, pero es un viaje hacia mí. Lo vINE planeando hace años. Muchísimos años antes de todo esto. Estaba ahí adentro, latiendo latente. Un tiempito nomas para mí.  Un día desperté , un día en que dije basta y que me prometí pensar un poco más en mí y hacer las cosas que tanto soñaba hacer. Sentirme que marchito día a día ya no era una solución a mis males. Quizás pocos entiendan esto perol el que lo siente sabe a que me refiero: esa necesidad de encontrar algo que se ha perdido, pero que no sabe que es. Una búsqueda, un significado.

EL destino una vez más ha sido benevolente conmigo y he hecho todo para que él no esté enojado conmigo en este tiempo. El destino se enoja, Ok, lo sé,no lo hace en realidad,  pero tiene hermosas formas de darnos cachetadas para hacernos dar cuanta y razonar sobre lo que deberíamos haber hecho de otra manera. Esta vez, simplemente me entregué y dejé que todo sea como se me presentaba. El destino hizo que estos últimos 30 días esté cerca de mi familia. A pesar de estar ocupado casi todo el tiempo por compromisos laborales, estuvo cerca, Así lo sentí. Mi padre esta vez no faltó casi ningún día y eso me alegró. Y mi madre y hermana siempre están. A veces más de lo que yo puedo soportar, porque mi cabeza estaba a mil y muchas veces necesitaba escapar y estar en silencio. Un silencio que espero encontrar en mi próximo Camino.

Mi abuela y sus charlas y demandas. Visitar la tumba de mi abuelo y recordar ciertas situaciones.

¿Que es lo que me llevó a este momento? Fuí yo? Porqué todo esto jamás sucedió antes? Me lo he estado preguntando estos días y aún no tengo una respuesta concreta.

Es destino es benevolente conmigo. Me ha dado todo lo que he querido hasta el día de hoy de cierta manera, y soy agradecido de mi presente y más de mi pasado con el que no tengo discusiones ya. Nada de lo que alguna vez formó parte de mí, se presenta como disputa. Todo ha sido aclarado y todo ha sido un juego limpio.

Que será de mí?

Ya estoy mejor, escribir me hizo bien una vez más. Afuera ya no llovizna. Entienden? Ese reflejo era el mío, sin dudas. También puede ser el clima, pero me gusta pensar que mi reflejo en el parabrisas se va despejando y aclarando. Que viene más allá? No lo sé, la ruta siempre presenta desafíos. Y eso hace que el miedo sea superado por el valor y la curiosidad. Atrás quedan la comodidad, el acostumbramiento y la seguridad… que será de mí? No lo sé, Pero voy a averiguarlo!

Sonidos Reconfortantes

Personal

Mientras un perro deja su marca personal sobre la rueda izquierda delantera de un viejo polo gris en una estación de combustible llena de barro por la lluvia que durante la noche seguramente cayó, no puedo evitar sentir algo de angustia.

No por el perro. El perro ni se angustia por tener un colmillo fuera de su boca y de no gozar de la mejor estética como perro. A los perros eso no les importa. Son perros.

La angustia – si es que puedo llamarla de alguna manera, todavía está en proceso de identificación – es mía. La tengo adentro. Los días en que debo dejar mi pueblo (ni quiera puedo decir natal, porque no nací acá) van llegando a su fin. Grave problema es programar tu cabeza para algo. Grave problema que es para cabezas como las mía, y más para vidas como la mía. A estas alturas ya debería haber aprendido que de mucho no me sirve programar un paso a paso de las cosas que voy a hacer y como las voy a hacer: el Destino siempre se encarga de llevarme hacia donde quiere llevarme. Y ahí es donde entro en conflicto conmigo mismo hasta que me entrego y me resigno a la idea de que jamás me ha abandonado y que seguramente éstas son las mejores formas.

Nada es más frustrante que tirar de la enredadera en tus pies, en un bosque desconocido para tratar de escapar de todo lo que  nos asusta ahí. Aflojá Lisandro, aflojá. Es la única manera de poder seguir adelante y sacar tu pie de tal embrollo.

Quizás debería practicar algo de lo que predicás. Ok, no es tan fácil. A veces yo mismo me sorprendo de las palabras que salen de mi boca y de los pensamientos que llegan.  Y otras – las menos – me sorprendo de lo que puedo hacer sin siquiera emitir sonido. Esas son las menos, pero las más fructíferas.

Anoche mientras hablaba con mi mejor amiga recordaba las dos decisiones importantes que he tomado en mi vida. ¿Más de 40 años y sólo tan pocas? Sí. Son las que recuerdo como las decisiones bisagras. Una realmente lo fué y la segunda, el tiempo por delante dirá. Igual hoy por hoy siento que es la segunda más importante.

La primera fué haber renunciado a la agencia donde trabajaba hace ya varios años. Ahí, seguro, aburrido, vacío, solitario, y sintiéndome marchitar día tras día. Decidí avisar de mi partida 15 días antes de la fecha final. Los 15 días más eternos que recuerdo. Y los más felices. Sin dinero en el bolsillo y mucho menos en el banco, decidí hacerle frente a lo que podría venir. Y vino mucho. No hablo de lo económico – aunque no me faltó de comer – sino mucho de otras cosas.

La segunda decisión fué separarme de mi ultima pareja. Ok, no se detengan en el sujeto, sino en la decisión en sí. Con casi 9 años y planes por delante, dar este paso no fué fácil. Me costó mucho más que renunciar a un trabajo, pero en algo coinciden ambos: la seguridad. Espero que esta segunda elección también traiga cambios importantes a mi vida, en principio la tranquilidad mental de despertarme y no sentir un peso tremendo en mi espalda y el ruido constante de algo que debía hacer, y que aún no había hecho.

Uno no toma decisiones para sentirse mejor. Me dí cuenta de eso hace unos días.

Uno toma decisiones para dejar de sentirse mal. Que son dos cosas totalmente distintas y a la vez con… ¿mismos resultados? Eso, eso aún me lo sigo preguntando.

Uno decide dejar de sentirse mal. Es lo que lleva a preguntarse el porqué está parado donde está y de la forma en que lo hace. Es un cambio de palabras y orden de las mismas, pero con efectos totalmente distintos a mi ver.

Nada es fácil. Si fuese fácil no requeriría esfuerzo ni un cambio. En todo cambio de estado hay fricción. El decidir estar donde estamos es tan personal como decidir dejar de estarlo. Los tiempos en esos procesos ya son otra cosa… debemos ser pacientes con nosotros y escucharnos más internamente.

Los días se van terminando acá en el pueblo familiar. Por alguna razón el destino se encargó de que este último tiempo lo pase cerca de mi familia y que desde lejos pueda ver mejor ciertas situaciones. La distancia es sabia en muchos aspectos. Y la distancia no es sólo una medida entre objetos, también lo es de personas, de situaciones, de nuestro reflejo que quedó grabado en un tiempo que fue distante también. ¿Puedes verte allá lejos haciendo lo que hacías y como lo hacías? ¿Puedes reconocer los errores y las certezas?  ¿Que hiciste para dejar de sentirte mal? ¿Que estás haciendo ahora mismo?

Afuera sigue el perro del diente canino salido del lado derecho de su mandíbula. Acaba de mear la rueda trasera derecha de una auto que parece un Ford. Otro perro parece alegrase de verlo, al menos mueve su cola. Sigue nublado en el pueblo y suena “Comforting Sounds” (Sonidos reconfortantes) de Birdy. Tengo ganas de irme a caminar sólo por ahí, ya tengo ganas de emprender el Camino… escuchar mis pasos solitarios, ese sonido reconfortante de que estás de pie una vez más. De las piedras debajo de la suela de mi calzado, mirar lejos, sentir la brisa, la incomodidad, el miedo, la alegría, y la dicha de sentirme vivo de nuevo. Tengo ganas de llorar por momentos, siento que aún no hice el duelo de muchas cosas. Estuve demasiado en todo lo que debía hacer y en los tiempos que debía hacerlo. Quizás una vez más, deba confiar en el Destino que sabrá donde y cuando me descargue. Lo haré.

I don’t feel alright (no me siento bien)
In spite of these comforting sounds ( a pesar de los sonidos reconfortantes)
You make (que haces)
I don’t feel alright (no me siento bien)
Because you make promises (porque haces promesas)
That you break… (que rompes…)

The sweet hello, the sad goodbye

Personal

31 de diciembre de 2016. En la playa, solo. Decidí salir a caminar con un cielo nueblado y el ruido contante de las olas frente a mi.

No hay casi nadie. Estoy en San Alfonso Del Mar. cada tanto pasan dos gaviotas volando. Juntas.

Lloré. Lloré por sentirme egoísta de alguna manera. Lloré anoche mientras soñaba. Lloré hoy, último día del año. Lloré por algo que termina y por sentir que estaba lastimando a alguien a quien quiero, mucho; pero ya no de la misma forma que antes.

Me siento mal a ver a alguien sufrir. Yo también paso por eso pero no se porqué siento que estoy más preparado que otros para transitarlo. Evidentemente no.

Nos faltan 18 días para cumplir 9 años juntos. Hace unas semanas tomamos la decisión de terminar estar relación, al menos de la manera que la estamos atravesando. Este es nuestro ultimo viaje juntos aparentemente.

La tensión es evidente, sobretodo rodeados de amigos que no tienen idea de lo que está pasando, solo mi prima sabe de mi boca y prometió no comentar nada. Me pregunto si el resto no nota qué hay algo raro flotando en el aire. Muchas veces nos convencemos que actuamos naturalmente cuando en realidad pequeños gestos nos delatan.

Esos gestos faltantes serían en nuestro caso las pequeñas discusiones, mis órdenes, las palabras cariñosas y quizás algunas más. El compartir una cama sigue estando a la vista de todos. Mi abrazo antes de dormirme todas las noches siguió sólo que no siento nada más que un cariño enorme porque quien elegí por todos estos años. Del otro lado es muy diferente.

Los sentimientos de Carlos hacia mi siguen intactos a pesar de reconocer que no es bueno seguir de la manera que estamos hace tiempo. Intenté de todas maneras revertir lo que pasaba sin éxito alguno y decidí bajar los brazos. Simplemente me cansé.

De las discusiones. De decir A y que te respondan B. De los egoísmos. De los tiempos.

En todo este último tiempo donde tuve que meditar en lo que estaba pasando pase por todos los estados, las responsabilidades, el señalar con el dedo, el gritar, el enojarme, el llorar, el pedir disculpas, en corregir lo que molestaba, en reclamar y volver a reclamar. En recordar. En tirar en cara. En ignorar. En hacer de cuenta que ya no duelen ciertas cosas. En indiferencia. Hasta asumir un día que quizás la culpa de todo lo qué pasa es simplemente de uno: de lo que decide aceptar y lo que no.

Hasta que alguien me dijo que era una ecuación algo injusta: no podemos hacernos cargo de todo en un acto de auto flagelamiento para excusarnos de lo que está pasando y salir en papel de mártir. Nadie es mártir en una relación. Los dos son creadores de los resultados y cada uno debe hacerse cargo solo de lo que corresponde. Es una ley universal. No cargar con deudas pendientes de otros.

Pero de alguna manera me siento egoísta. No se bien porqué.

Éste es quizás mi acto egoísta del año: terminarlo. Decidir que es lo que quiero para más adelante. O lo que no quiero.

De alguna manera este espacio siempre me ha servido para cicatrizar y sanar. Escribir es – al menos para mí – una manera de sacar lo que me está matando por dentro, hacerlo visible, amigarme con ello, y seguir adelante. Agarrar algunas palabras que duelen como espinas y ver cómo sangran mis manos al escribirlas, mis ojos al verlas y mi alma al sentirlas.

El mar sigue yendo y viniendo al frente mío. De alguna manera algo cambió en estos minutos: quizás las lagrimas también tienen el poder de despejar la vista y ver todo más claro.

The sweet hello, the sad goodbye ( La dulce bienvenida, el triste adiós) suena en mi mente:

Red like fire was the day I met you (Rojo como fuego fué el día que te conocí)
I tell you now, there are no regrets (Te digo ahora, no hay arrepentimientos)
In this room there are many memories (En esta habitación hay muchos recuerdos)
Some are good, some I try to forget (Algunos  son buenos, otros trato de olvidar)

I thought we were the chosen ones (Pensé que seríamos los elegidos)
Who were supposed to fly (Que se suponían debían volar)

 

Algo de mí

Personal

Voy a hablar algo de mí.
No toda la vida fuí fotógrafo. Lejos de serlo. Es lo que hago hoy y ahora, y no sé que puede venir más adelante.

Pero de alguna manera hoy estoy sentado pensando en eso y como ciertas cosas me llevaron a ésto. Algo que disfruto terriblemente, hoy y ahora.

Desde hace un tiempo vengo leyendo y escuchando quejas sobre despidos injustificados, otros que parecieran serlo, gente que ha perdido algunos beneficios, otros que los han ganado y así. Pareciera ser todo una balanza en esta vida.

Hoy al levantarme me puse a pensar en eso y en toda mi vida. Pasé por demasiados trabajos. Desde mis 15 años trabajo. Y jamás me quejé sobre alguno más de lo cotidiano.

Comencé picando hielo en barra y sirviendo bebidas en el boliche bailable de mi tío. Para mí, amante de la música, no hubo un boliche que sonara tan bien como ése. Eso lo hice durante los últimos años de mi secundaria, todos los días sábados: mientras mis compañeros de colegio del pueblo iban a bailar, yo los atendía, y a veces pedía permiso para bailar uno o dos temas. Y volvía hasta el final de noche a limpiar la barra. Ese olor particular no se me olvida jamás.

Después me tocó mudarme a Córdoba, donde muchos de nosotros terminábamos estudiando. Comencé la carrera de Periodismo pero duré poco tiempo porque mis padres ya no nos podían mantener y debíamos buscar trabajo.

Un 23 de Mayo salí a buscar trabajo. Recuerdo que me presenté en plena peatonal en lo que era totalmente desconocido para mí hasta ese entonces: hacer cola junto a desconocidos que con el diario en la mano iban marcando posibilidades. Eramos muchísimos. Debíamos subir una escalera negra y en un piso lleno de mesas, inundado de luz y calma tuve la entrevista con Marcelo. Y le dije la verdad: que no tenía experiencia pero que podía aprender.

El día 24 de Mayo comencé a trabajar. Atrás de la barra, sirviendo jugos de naranjas exprimidas y bebidas sin alcohol. Ahí fué por primera vez que escuché a Seal y a Crandberries. Y me dije: “esta es la música que quiero escuchar siempre”

De servir bebidas pasé a atención al cliente en poco tiempo ya estaba atendiendo un nuevo local en un shopping recien inaugurado. Ahí nomás su dueña, Silvia, me encomendó que me encargue de la “gráfica” del local: dibujaba cada cartelito de precios y su detalle, con dibujos alusivos hechos con Rotrings de colores. El estilo y la gráfica actual que veo en muchos locales de moda en el día de hoy me recuerdan a esos tiempos. Lo hacía porque lo disfrutaba.

Un año duré ahí. Exactamente. Renuncié un 25 de Mayo porque una nueva ooportunidad se presentaba ante mí: una clienta habitué, Soledad, me ofrecía presentarme a trabajar a un AFJP. Con miedo, y sin experiencia de estudios o trabajos calificados me postulé y quedé como asesor previsional. Fué hermoso usar traje, corbata y llenar documentación. Conocí mucha gente con la cual charlábamos de la vida mientras trataba de cerrar el trato. Viajé a Salta, conocí caminos hermosos y fué algo que ese trabajo me regaló.

Me despidieron un año después, o dos. Sin causa y con la amenaza de que figuraría en una misteriosa lista negra si les hacía algún tipo de reclamo y que jamás conseguiría trabajo de nuevo. Firmé y me fuí. Al Gordo Cárdenas nunca más lo ví.

No hubo resentimiento, no hubo enojo. No hubo reclamos ni gritos ni cortes de calle. Sólo hubo un llamado a mi madre para contarle la situación y escuchar la frase: “Ya va a aparecer algo, hay que tener fé.” Cosas que dicen las madres no? Bah… supongo, al menos la mía lo dijo muchas veces.

Y así fué mi vida en Córdoba.

Pasé de eso a atención al cliente de una nueva tecnología que eran los celulares, gané plata, me convertí en experto de atención al cliente, me pusieron a capacitar gente, mi supervisora no me firmó jamás los pases a otra áreas, me enojé, putée, pero hacía mi trabajo, me terminaron “despidiendo” y me pagaron una indeminazación de 6000 pesos en ese momento. En un cheque. La primera vez que veía un cheque por tanto dinero.

En ese momento aprendí lo que llamé más tarde “Los que tienen el Poder del No”

No hubo enojo, no hubo reclamos. No hubo corte de callles ni puteadas. Hubo sí abrazos y saludos cada vez que me cruzaba con alguno de mis viejos supervisores en la calle, incluso con la Aldecoa que jamás me había firmado los pases.

Fuí y me compré una computadora. La primera de mi vida. Una iMac. El primer modelo. La verde agua. Y no sabía siquiera como se encendía. Y comencé a investigar y decidí que quería hacer algo de diseño. Aún recuerdo el verde manzana de fondo que usé para diseñar mis propias tarjetas personales. Mi nombre completo estaba escrito en Helvetica en negro pleno y todo junto: LisandroMoisésEnrique, sólo que Moisés, estaba destacado en “bold”.

Nunca las hice.

Tuve que dejar del departamento, no podía pagarlo más ni tampoco llenar la heladera como lo hacía con el excelente sueldo que tenía antes. Todo eso había desaparecido. Me fuí de ahí dejando una heladera en forma de pago por lo adeudado. Me fuí por unos días a una casa de alguien que me dió alojamiento.

No hubo enojo. Era lo que me tocaba transitar.

Busqué trabajo y sólo conseguí a la vuelta de donde vivía trabajo como “diseñador” en una pequeña gráfica y fotocopiadora. Cristian me ofrecía un empleo de lujo: usando mi propia computadora, podía diseñar panfletos para carnicerías y pizzerías de la zona, comer ahí y también dormir en el suelo en un colchón que él mismo me proveía. Eso sí, a las 7de la mañana arriba. Había que correr las cortinas del local y comenzar a recibir los clientes. El pago era la comida, que variaba entre arroz con caballa – el atún era caro y Silvia la novia del dueño manejaba las finanzas – y polenta o fideos.

Y así estuve un tiempo. Con un compañero que me enseñaba cosas de diseño y gráfica que venía del sur, de la tierra de lo pingüinos y los vientos. Él sí tenía experiencia en diseño porque había trabajado en diarios locales. Era hijo de desaparecidos. Bah, su madre en realidad, porque su padre había “desaparecido” pero apareció cuando tenía 15 o 16 años a decirle “Hola, soy tu padre, y estoy vivo”.

Ese fué mi primer contacto con esta parte de la Historia.

De ahí me fuí, quien sabe donde. Sólo sé que quise dejar algo que ya no me parecía justo. No hubo enojo, ni crisis, ni llantos, ni patadas. Sólo una anécdota más en mi vida que me sirvió para aprender muchas cosas.

Desde ese momento hasta hoy pasaron muchísimos trabajos, incluso hubo momentos que no los tuve y tampoco tuve donde vivir o dormir. Recuerdo una noche sentarme frente a la Catedral en un banco de la plaza y llorar pensando si ese sería lo que me esperaba.

Lo que hice fué juntar fuerzas y seguir buscando. Una cosa siempre lleva a la otra, y lo que nos espera, nunca lo sabemos.

Cobrador de deuda para Aguas Cordobesas, vendedor de Celulares, vendedor de telas de tapicería, diseñador freelance, atención al cliente, responsable de sucursales, administrativo en una Ferretería, vendedor de tecnología, atención el cliente telefónico, y tantos otros más. De todos aprendí.

Nunca pude estudiar. Estaba demasiado ocupado en sobrevivir, a la vida y otras tantas cosas. Y no es justificación, pero jamás me victimicé, ni siquiera cuando ya no daba más. No hubo queja. No hubo cortes de calle. Ni siquiera cuando no tenía llaves en los bolsillos de algún lugar al que podría llamar “casa”.

Sólo me levanté, y seguí. Adelante. “Algo va a aparecer, tenes que tener fé”.

Con el enorme peso de jamás haber estudiado encima, de no tener un título universitario a mis espaldas, me costaba aceptar ciertas cosas, hasta que mi querido amigo Gabriel me ofreció la oportunidad de presentarme en LA agencia de publicidad de Córdoba por esos entonces. Busqué la manera sutil de decirle que no, que no creía que ese trabajo era para mí, pero me convenció y fuí a la entrevista con Daniel. Mi verguenza era tal que llevé una carpetita con algunos trabajos impresos y en un momento, luego de una charla cordial me animé y me sinceré antes que llegara la pregunta a la que más le temía en la vida: ¿Donde estudiaste y con quien?

– “Yo no estudié nunca, mil disculpas, esto es lo que sé hacer, no entiendo muchas cosas, quizás yo se algunas cosas con algunas palabras, y vos las sabes con otras, pero mil disculpas, vine porque Gabriel me insistió.”

– “Esto es lo que yo estaba buscando, alguien exactamente como yo, que no tenga estudios”

Ahí aprendí otra gran lección, la que llamé “Los que tienen el Poder del Sí”

Fué un tiempo maravilloso. En un embiente increíble. Me fuí porque no se cumplieron ciertas partes del “contrato”. No recibía la paga que creía merecer y eran demasiadas horas en un ritmo que jamas era certero. El ambiente publicitario es así, sabes a que hora entrás, pero no sabes a que hora salís.

No hubo enojo, ni gritos ni puteadas. No hubo nada de eso. Sólo mi queja y descontento formal entre mis compañeros.

Y me fuí a otra empresa del rubro que me ofrecía un poquitín mas de plata pero un horario de salida todos los días. Y también fué hermoso. Y aprendí muchísimas cosas. Y cuando sentí que no se cumplían ciertas condiciones, o yo ya no era lo suficientemente útil, le dije a mi jefe que me iba. Sin un peso. Sin otro trabajo. Sin otro cliente.

“Algo va a aparecer, vos siempre tenes suerte”, me lo dijo esta vez “el Dani”, el esposo de Marcela que alguna vez me dieron casa y comida cuando no lo tuve.

Y apareció un cliente que necesitaba diseño. Y luego otro, y otro. Y un día mi mejor amiga me dijo “Yo te presto la plata para la cámara, tenés que aprender a aceptar y recibir”. Y mi otra amiga Pato, me dijo: “Claro amigo, tenemos que aprender a recibir ayuda”

Y luego apreció “la Juli” y mi primer trabajo de 15 Años cuando no sabía ni siquiera como hacer una Fiesta de 15 Años – esa anécdota es divertida y hermosa. Y hoy estoy aquí.

En esta resumidísima historia de mi vida. No hubo quejas. No hubo cortes de calles. No existió hecharle la culpa a otros por lo que me tocaba vivir.

Todas las veces me levanté y seguí. Con más, con menos, pero seguí. Algunos días triste, otros días alegres, pero seguí trabajando todos los días desde los 15 años.

Y he tenido muchas satisfacciones eh! Y mirá que soy quejón, y malhumorado y me gustan las mañanas silenciosas. Pero también disfruto, lo que me toca.

Ha sido justa la vida conmigo? Claro que sí. Fué injusta la vida conmigo? Jamás. ¿Es injusta la vida? No puedo saberlo hoy, no tengo respuesta a eso: no parece ser justo que un bebé no llegue a tiempo, que se muera gente de hambre, que haya abusos, que no haya Justicia, y que haya tantas y tantas historias más sin escuchar o leer.

¿Es justo que alguien se quede sin trabajo? Y… no lo sé. Yo hablo por mí. Yo me quedé sin trabajo decenas de veces, pero decenas de veces me levanté y seguí buscando y trabajé – literalmente – por la comida. Durmiendo en el piso. ¿Hice un escándalo? No. ¿Pedí algún trabajo de arriba a algun familiar cercano político? No. Simplemente me levanté porque mis dos piernas aún siguen fuertes y busqué trabajo. En lo que sea, porque una cosa lleva a la otra. Siempre.

Y hoy hago esto: fotografía. Pero no sé si lo haré el resto de mi vida. No lo sé. Lo disfruto hoy y ahora. Y no me quejo si hay menos trabajo porque hay cada día más fotógrafos. Me adapto, aprendo, sigo. No me quejo y publico en cuanto medio sea posible que todo esto se va al carajo y que la culpa es de quienes eligieron lo que eligieron. No lo hago. Simplemente me levanto todos los días, saludo y hago lo que tengo que hacer: algunos días con más cosas para hacer, y otros días con menos, pero siempre hago. No me quejo. No grito. No hecho culpas. No pataleo. No me burlo. No disfruto de la desgracia ajena. Simplemente no está en mi ser. No es parte de mí.

Trabajo. Desde los 15 años.

Y no necesito una hinchada que me aplauda por eso. No falté a mi trabajo para ir a aplaudir a alguien – aunque reconozco que falté un par de veces por presentaciones de Steve Jobs, pero seguía trabajando desde casa.

Trabajo. Eso hago. No corto calles, no hago escándalos ni pataleo. Y cuando algún día no tenga clientes o ya a nadie le guste lo que hago, no voy a culpar a mis colegas o a la competencia por sus precios o formas, simplemente veré que hacer porque entre ese chico de 15 años al que se le pegaban los dedos en el hielo hasta el hombre de hoy, han pasado muchas cosas, pero el orgullo de ser un ser humano independiente es más fuerte que cualquier otra cosa, y eso hace que me pare y siga todos los días, como tantos otros que tienen millones de cosas más por las que seguir adelante.

En esto pensaba hoy al despertarme. Sólo veo quejas, gritos y pataleos. Gente que debería estar haciendo algo algo productivo, prefiere estar haciendo eso.

Mis padres no tienen gran Educación. Pero sí conocimiento. Y mi madre en particular jamás permitiría que me queje más de lo necesario: un par de gritos y a seguir. Pero ché! Ponete a hacer algo!

A muchos creo que les falta un chirlo, verbal aunque sea. Menos quejas, más hacer. Y hay mucho para hacer todavía.

El sonido del secreto.

Personal

Hoy revelé un secreto de más de 20 años. No me costo hacerlo. Eran desconocidos. Nuevos conocidos. Y escuché los suyos. No me pareció importante una vez dicho, y todo lo escuchado tampoco me pareció serlo y en algún punto nos parecíamos.

Decir lo que se lleva dentro es escupir un ladrillo muchas veces. Este secreto era para la mayoría, no lo fué hace años para otros. Pero era un secreto para ellos. Habrán sentido lo mismo que yo? Habrán querido indagar más en la historia que lo formaba?

No lo sé.

Tampoco me parece importante. Un secreto ya no es un secreto una vez que se ha compartido, y es compartido entre las partes involucradas, sean 2, 3 o más. Esas partes lo saben, lo recuerdan y ya no es secreto. Es silencio, que no es lo mismo.

Hoy revelé un silencio. El sonido se hizo visible.

Cirque du Soleil en Córdoba: Backstage

Personal

A ver.

A veces la vida nos sorprende y nos regala momentos, creo que éste fué uno de ellos. Sin saberlo conocimos a Stephane y Emilie en plena calle y compartimos un riquísimo almuerzo. Sorpresa fué saber que eran parte del Cirque du Soleil que estaba visitando la ciudad de Córdoba por primera vez.

Así que luego de un tremendo locro con empanadas para festejar el día del Trabajador en Salta La Linda nos pusimos a recorrer algo la ciudad y charlar sobre la vida. Es increíble que las personas, de diferente puntos del mundo tengan conversaciones sin presiones y que se disfrute de la compañía apenas conocidos. Al menos eso nos pasaba a nosotros.

Y aún más sorprendente fué cuando nos invitaron a “visitar” el Cirque du Soleil con su espectáculo Corteo desde el Backstage. Cómo sería eso? Increíble puedo asegurarles. La “idea” de lo que es un Circo y lo que tenemos en nuestras cabezas se desploma al recorrer los espacios de una verdadera ciudad llena de Artistas, Técnicos, Costureras, Médicos y espacios llenos de actividad en todo momento. Sectores de Lavandería, Cocinas impecables, Baños que eran una envidia y sectores para practicar todo el arte que desplegarían minutos después.

Aquí un pequeño resumen de lo que pudimos vivir desde “atrás” de este Show impresionante. Es una sensación muy extraña la que pudimos ver minutos antes con los artistas saliendo al escenario,  con nervios, ansiedad, practicando, calentando, sonrisas y tantos rituales personales y grupales y a la vez observando todo lo que pasaba en vivo para luego verlos brillar ante tantos cordobeses.

Altamente recomendado, el Show del Cirque Du Soleil con Corteo estará en Córdoba hasta el 25 de Mayo para luego dirigirse por 2 meses a Buenos Aires. Disfruten y no se pierdan este show lleno de magia u emoción!

Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com

Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com
Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com

Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com

Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com Cirque du Soleil - Argentina - www.lisandroenrique.com

Esta es nuestra Historia

Personal

Muchas veces lloré imaginando mis palabras frente a todos el día de nuestra Boda. Si, yo. El que no proyecta y se centra en el hoy. Imaginé las escenas, las caras de quienes sonreirían y de los que permanecerían serios. Y tus lágrimas. Y cuánto me iba a ahogar al tratar de decir lo que significas en mi vida.

No lo imaginé. Lo sentía. Lo sentía adentro mío como si estuviese pasando en ese mismo momento, y me ahogaba, lloraba y me retorcía de dolor. Dolor de Amor.

Siempre quise sentir eso. Y desde que llegaste traté de desconfiar una y otra vez de que quizás, no eras esa persona que me haría feliz el resto de mi vida. Son las maneras de boicotearse supongo. Siempre pensamos que lo mejor, no es lo que tenemos con nosotros, sino lo que supuestamente no llegó y que no siquiera conocemos.

Mis palabras para nuestra Boda comenzaban así: “La noche que lo conocí a Carlos era la noche más oscura de mi vida. Estaba en el fondo del abismo. No había salida. No había nada y pensaba que mi vida terminaría al día siguiente.

Cuando lo tuve al frente y me sonrió, la vida se iluminó.”

Mis lágrimas siempre comienzan a brotar y a ahogarme en el segundo renglón… Siempre. Porque quien haya sentido alguna vez que esta abajo de todo, perdido, sin rumbo, puede reconocer lo que significa ver algo, simplemente algo de luz.

Yo, me encandilé.

Mi escena sigue mirándote a los ojos. Y diciendo frente a nuestras familias y amigos, lo mucho que te amo y que me perdones todos mis mal humores, mis idioteces, y mis ganas de levantarme temprano. Que no puedo dormirme una noche sin abrazarte cuando estamos juntos, y que elegiría no comer por estar con vos. Hasta ese punto llega mi sacrificio.

Y hoy agregaría al discurso que jamás, jamás te soltaría la mano.

Después siguen risas, lágrimas, mi hermana llorándole, y mucha gente que queremos aplaudiendo y nosotros mirándonos, y yo sosteniendo tu cara, con tu barba, viendo esa enorme sonrisa con ese traje hermoso puesto y secándote las lágrimas.

Esa es nuestra Historia. Que es Poesía. No es otra cosa. Y no quiero que tenga otro final, porque mi Historia sin vos, no hubiese comenzado a escribirse siquiera.

Esta es mi cabeza. Éstos mis sueños. Hay días que te necesito hasta ahogarme, hay días que pierdo la paciencia, hay días que acepto todo, hay días. Pero de sólo pensar que puede pasarte algo y yo no estar ahí para sostenerte, vuelvo a ahogarme.

No quiero volver a caminar en una ciudad que no tiene luz. No quiero volver a perderme o caer en un pozo. Quiero que una vez en mi vida, la escena que imaginé una y otra vez, se haga realidad. Sostenerte la cara, acariciar tu barba y secarte las lágrimas. Y una, como tantas veces, hacerme más gigante ante vos, y apoyar tu cara en mi pecho y decirte: “Todo va a estar bien, nada te va a pasar.”

Te Amo, ésta es mi voz.