7 julio 2010 0 Comentarios

Un Almuerzo, un sentir

Almorzar en La Alameda es siempre una experiencia. Quizás para aquellos que bucas las mejores experiencias no lo sea pero que tarado que soy que yo mismo estoy haciendo diferencia en esta afirmación porque en realidad que sea la mejor o la peor es tan peraonal para uno como para otros.

Pero volviendo a La Alameda, el estar sentado en un mesa chica, con asientos apretados, manteles a cuadrillé rojos y blancos y con algunos agujeros más las paredes cubiertas de notas, saludos, mensajes, publicidades y demás escrito por la mayoría de los que alguna vez pasamos por este típico bar de la ciudad de Córdoba es toda una experiencia. Me encanta.

Una vez cada tanto vuelvo a La Alameda. Me gusta, me enciende, me devuelve, me vuelve y me reconecta con algo que es muy mío y es lo básico, las raíces. Disfruto el escuchar la música de folclore, ver la gente despreocupada, sin poses en las mesas, familias, risas, gritos cada tanto y alguno que otro que ingresa con una guitarra al hombro. Son momentos que disfruto y que trato de no olvidarlos porque como decía hoy una canción, uno siempre vuelve a los lugares de la vida que lo hicieron sentir vivo. Y es así. Es así.

La gente habla, de cientos de temas, una pierna toca la tuya sin querer, personas que no conoces, personas que nunca viste y personas que comparten tu mismo espacio. Vuelve el contacto. El contacto físico que se pierde o se diluye tantas veces y que tan bien nos hace sentir. No me refiero al contacto físico del deseo, sino al contacto por la comunicación misma. El tacto. Ese enorme sentido que poseemos y que hace maravillas. El contacto que hace que nos ocmuniquemos, que observemos, que escuchemos, que sintamos, que olfateemos todo nuestro espacio y que nos sintamos plenos. Vivos.

Cuántos espacios nos hacen sentir así? Increíblemente estoy solo y sin embargo estoy acompañado. Diferente, terriblemente diferente me siento en un Shopping con el doble o triple de gente alrededor y más solo me siento. Qué me hace sentir así? Ah, sí, la gente, el olor, las risas ajenas, las charlas, las miradas, los pieses que se pisan debajos de las mesas apretadas, los papeles y notas privadas hechas públicas en la pared. Me hace sentir así La Alameda. Pienso en mi amigo Fonky.

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