Adrián y el Niño que fuí
Pensaba como tantas veces que título ponerle. Muchas veces los títulos son lo primero y luego todo se resuelve en base a esto, otras, las menos, es al revés.
Ayer fué un día raro. La semana ha sido rara. Luego de buscar por años y meses, de casualidad dí con la persona que quería dar para obtener una información que creo me podría ayudar. Muchas expectativas ( sin expectativas no hay desilusión ) y fueron cumplidas, por el momento, en su totalidad. Habrá que ver más adelante si tomo la decisión que quizás puede ser un antes y después en mi vida. La voy a tomar, sí, no sé si hoy, mañana o el mes que viene. Lo bueno es que nadie sabrá, nadie se dará cuenta, nadie indagará ni cuestionará que son cosas que me molestan muchísimo.
No logro entender el proceso aún de cuestionar algunas cosas sobre las elecciones de la gente: sexuales, políticas, religiosas, lo que fuere de la vida diaria y exclusivas a un ser como ser mismo. No cuestiono ( sí cuestiono muchísimo otras cosas como la atención al cliente en un restaurant o comportamientos ridículos de quienes atienden o trabajan en una empresa) las decisiones de la gente sobre temas transcendentes en sus vidas, no cuestiono si son budhistas, católicos, mormones, radicales o peronistas, o si le atraen los látigos, los gritos y mordiscos, que le griten “puta!” en la cama, nada de eso me importa, todo me parece normal y aceptable. Y no lo digo por parecer, lo digo de verdad. Y que venga alguien y me diga lo contrario.
Quizás por eso es que me alegra que mi decisión que para mí al menos será importante – por sí o por no – no llegue a oídos, y mucho peor aún, al cerebro de algunos conocidos por las mismas razones que expreso más arriba.
Mas allá de esto, que fué muy significativo para mí en el día de ayer, también estuvo el hecho de que me reencontre con un viejo amor de mis días de “adolescencia”. Allá por el año 95 conocí a Adrián y me enamoré automáticvamente de él como suele uno enamorarse a esa edad ( 20 años ). Nuestro amor duró nada, unos días, pero me gustaba tanto! Fisicamente creo, y caigo en esto ahora mismo cuando lo estoy escribiendo quien me marcó para el resto de mi vida: gordito, morrudito, peladito, ojos expresivos y una sonrisa aún mucho más. Que loco! Recien me desayuno de esto! Adríán fué quien me marcó en mi gusto o preferencia hacia los “osos”. Ja! que loco!!!
Yo me habia enamorado de Adrian, ni siquiera tuvimos sexo porque él hacía pocos meses había ingresado a la comunidad mormona y sus principios con respecto a la homosexualidad son muy duros – bah, que religión no lo es – y compartíamos momentos caminando por la ciudad, comiendo en Pumper Nic – que ya no existe – e intentamos dormir una noche juntos. Me invitó a su departamento en la calle Paraná y él durmió en una cama y yo en otra. ¿Para esto me trajiste? pregunté yo. Y él me invitó a pasarme a su cama, con la promesa de que no pasaría nada.
Nunca respeté ese deseo. Ja! Terrible lo mío y por muchos años me reclamé ése hecho como algo terrible. Y ahora caigo en otra gran verdad, cada vez que alguien me dice no en la cama, más me exita. Sería un excelente violador bajo estas premisas. Jajaja yo mismo me río porque no puedo creer lo que este post me está haciendo decir, contar y darme cuenta!!
Esa noche no pasó nada, fué tanta mi insistencia y tanta mi “calentura” que logré sacarle su slip, tocar sus partes, intentar darle unos besos hasta que yo mismo terminé “terminando” mientras él se forzaba y luchaba internamente para no desatar sus deseos reprimidos. Anoche me enteré que él hizo lo mismo, pero en el baño, sólo. mientras yo dormía.
Anoche, Adrian, luego de no vernos desde el año 95, me dijo lo importante que era y que había sido yo en su vida. Nadie de mis ex me había dicho algo así alguna vez. De hecho, siempre fantaseaba con que algún día vendría un ex y me dijera: “Vos Lisandro Moises Enrique, fuiste lo más importante en mi vida y te agradezco por esto, por aquello, o por lo otro”. Nunca sucedió.
Hasta anoche.
Y el golpe no fué como lo esperaba. En mi fantasía yo me imaginaba un gran abrazo, una sonrisa, recordar cosas juntos, reirnos, y alegrarnos por todo. Pero no fué así. Me lo dijo y me quedé mudo y casi me largo a llorar. Porque era sincero. Porque no nos veíamos en casi 15 años y un día lo cruce en la calle y lo reconocí como si nunca hubiese pasado el tiempo. Y fué hermoso. Porque fué muy fuerte saber que yo ayudé a alguien a que sea feliz y que se sienta muy bien con su vida actual.
Adrián dejó atras su comunidad Mormona. Viajó. Pensó mucho en todo lo que pasó esa noche y lo que hablamos. La vida es una sola y debemos ser auténticos con nosotros mismos. Nada peor que eso. Podemos tener miles de errores, pero no ser auténticos a lo que queremos y deseamos, es lo que te hace ser infeliz no importa lo que tengas o cuanto tengas. Serás infeliz.
Adrian se dió cuenta un par de años después cuando esa noche, nuestra noche, seguia rondando en su cabeza. Y tomó una decisión que según él fué la mejor de su vida. Gracias a vos, me dijo.
“Yo no sé que hubiese sido de mí, de mi vida si no te hubiese conocido” “No sabés las noches que me pasé pensando en vos, en cómo no supe aprovechar ése momento, en todo lo que me perdía”
Fué muy bueno vernos. Fué muy bueno charlar y decirnos todas las cosas en la cara sin miedos de nada. Ni de su pareja, ni de la mía, sin tener el temor de que estábamos haciando algo mal al decirnos todo lo que nos dijimos, en la forma en que nos miramos y en el respeto que nos tuvimos. Esta vez hubo respeto y me disculpé por mi comportamiento infantil y obstinado de aquel niño que alguna vez fuí.
No pasó tanto tiempo. Seguimos siendo unos niños. Para mí está exactamente igual. Así lo recordaba, su misma enorme sonrisa, su pelada, su cuerpo morrudo, su ojos marrones que tanto me gustaban y su calidez.
Así quedamos, yo tomando un taxi cerca de las 12 de la noche a casa, con el cielo encapotado, él en la esquina con su sweater rojo.
- Hola mi amor, como estás?
…
- No, todo bien… sólo estoy un poco cansado…
….
- Nah.. nada… ah estuve con Adrian… sí, Adrian ese chico que te conté que me habia reencontrado.
….
- Sí.. todo bien…solo que me dijo algunas cosas que me dejaron pensando…
….
- Te amo mi amor, gracias por estar conmigo.



amigo! te quiero, me encantan tus historias…y me hiciste pensar en gente de mi pasado. un beso grande!
Amado Lisandro, ¡qué belleza de historia esta entrada dedicada a “Adrián y el niño que fui”! Me has emocionado. ¡Qué tierno, dulce y respetuoso eres! Qué hermoso que la vida te haya regalado uno de esos momentos mágicos en los que se nos da una certeza en este pantano de incertidumbres que es nuestra existencia. Queda tan patente que un momento en el tiempo es y será ya siempre para vosotros dos… Y también ha quedado más que patente que el tiempo pasa y no te has aferrado a ello, sino que has crecido, construido, mejorado sobre esa experiencia. Porque es lo único que nos hace mejores, conocernos. Y está claro que te has conocido y reflexionado sobre tus gustos, tus impulsos, tus aspectos mejorables y los innamovibles. Eso que dices que marcó Adrián, el tipo de tío que te gustaría a partir de entonces, es lo que los psicoanalíticos llaman “imago”. Y los “osos” del mundo le harán un monumento a Adrián, ja ja ja ja
es muy gay que se me haya corrido una lagrima (mas de una) leyendo esto porque me acorde de cosas de mi vida?
Uff.. qué copada la historia.
Mientras lo leía se me venía a la cabeza imagenes de una sitación por demás semejante conalguien llamado Rashid, en Buenos Aires.
Me quedé pnsando…
Estupendo Lisandro.
Te quiero mucho
muy … dulce. la melancolía, esa alegría de la tristeza. y no digo estar alegre de estar triste, es la parte linda y dolorosa, pero bella de recordar las cosas buenas que ya no están en nuestra vida, pero la marcaron. muy lindo. saludos!