6 febrero 2011 5 Comentarios

Estamos Programados: Comprar, Tirar y volver a Comprar

“Nuestro papel parece limitarse a pedir créditos y comprar cosas que no necesitamos” así casi comienza el documental que estoy viendo en estos momentos y habla sobre cómo las Empresas desde la década del 1920 prepararon el terreno para llevarnos a ser hoy lo que somos: una sociedad de consumo y derroche. Y consumo.

Nuestra sociedad está dominada por una economía de crecimiento cuya lógica no es crecer para satisfacer las necesidades sino crecer por crecer.

Obsolescencia Programada: el deseo del consumidor de poseer algo un poco más nuevo un poco antes de los necesario. Los Fabricantes desde las década de 1920 acordaron acortar la vida útil de los productos para aumentar las ventas. Desde el inicio de la Revolución Industrial se bicho cómo generar más dinero, con menos escuerzo y como llevar al consumidor a poseer el título que las Empresas deseaban: consumir. Se tuvieron que crear productos más frágiles, menos duraderos y que se volvieran obsoletos antes de lo provisto incluso.

“¡Está calculado! Terminás de pagar un producto, y ya no sirve!” Una frase en la famosa obra de teatro y película de los años 40: La muerte de un Viajante. Usar y descartar. Pero: ¿es posible una sociedad de consumo sin la Obsolescencia programada y el impacto que tiene en las economías personales y en el medio ambiente?

El futuro no nos perdonará y quedará como prueba de la sociedad despilfarradora que nos hemos convertido como países avanzados en la mayoría de los casos, la cantidad de desperdicio que estamos dejando por todos lados.

Comprar. Tirar. Comprar.

En Livermore, California (Estados Unidos) el hogar de la Bombilla de Luz más antigua del mundo en funcionamiento Lynn Owens el Presidente del Comité de la Bombilla muestra orgulloso cómo en 1972 descubrieron en el Cuartel de Bomberos de la ciudad una bombilla o lámpara que aún seguía funcionando: había sido instalada en 1901 y continuaba funcionando sin interrupción hasta nuestros días.

Todos los dias estas lámpara es filmada con una cámara web para orgullo de sus habitantes como testigos de la longevidad y único testigo del paso del tiempo por un siglo. 3 webcams ya han pasado a mejor vida y la lámpara, construida en 1901 sigue funcionando.

Esta famosa lámapara fue fabricada en Shelby, Ohio alrededor de 1895 en fábricas donde trabajaban señoritas y mujeres comandadas por acartonados accionistas de la sociedad americana. El filamento fue un invento de Adolphe Chaillet que lo imaginó y llevó al realidad para que su mayor y mejor característica sea la duración. El secreto de que porqué el filamento de esa lámpara dura tanto no se sabe porque Chaillet hace muchos años que pasó a mejor vida y el secreto se lo llevó con él. Pero la fórmula para un filamento de larga duración no es el único secreto en la historia de las Lámparas o Bombillas.

El mayor secreto es cómo y porqué la Lámpara de luz se convirtió en la primera víctima de la Obsolescencia Programada.

El día de Navidad de 1924 fue un día muy especial. En Ginebra, varios caballeros trajeados se reunieron con un plan secreto: crearon el Primer Cartel Mundial para controlar la producción de Lámparas de luz o Bombillas y repartirse el pastel de las ventas del mercado mundial.

El cartel se llamó “Phoebus“. Phoebus incluía a los mayores fabricantes de bombillas y lámparas de Europa y de estados Unidos. Y también de algunos países como Brasil en América del Sur o tan alejadas colonias cho Egipto, Liberia y tantos otros del continente Africano. El objetivo del Cartel era intercambiar Patentes de Invención y fabricación, controlar la producción pero sobretodo controlar al Consumidor: querían que la gente comprara lámparas y bombillas con regularidad. Si las lámparas duraban mucho, era una desventaja económica.

Pero en un prinicpio no todo fue así: los Fabricantes e inventores querían que las lámparas tuviesen una larga vida. El 21 de Octubre de 1871 Thomas A. Edison el gran inventor, comunicaba que númerosos experimentos dieron como resultado una lámpara de gran resistencia y un filamento de gran estabilidad. 10 años después, Edison puso a la venta su primer bombilla: duraba 1500 hs.

Pero para 1924, cuando se había fundado el cartel Phoebus, se anunciaban en grandes carteles lámparas con duración de 2500 horas útiles. Un gran avance en relativamente poco tiempo.

Esto al Cartel no le gustaba demasiado y pensaron en limitar la vida de las bombillas o lámparas a 1000 horas útiles. Un año después de la creación de este Cartel se creó el “Comité de las 1000 horas de Vida” cuyo objetivo era reducir técnicamente la vida útil de las bombillas.

Más de 80 años después existen registros en los documentos internos de los miembros del cartel que demuestran la existencia y actividad de este Comité. Empresas como Philips en Holanda, Osram en Alemania y Lámparas Zeta en España formaban parte de este Comité. Helmut Hoge, historiador de Bombillas recorre estos documentos y descubre en algunos frases como: “La vida media de las bombillas de iluminación general no debe ser garantizada u ofrecida por otro valor que no sea las 1000 horas”. Presionados pro el Cartel Phoebus, todos los fabricantes realizaron experimentos para crear una lámpara más frágil que cumpliera con la nueva norma de las 1000 horas.

Y la fabricación estaba rigurosamente controlada para que se cumpliera esta norma: se montaban estantes con muchos portalámparas en los que se enroscaban muestras de cada serie producida. Compañias como OSRAM registraban meticulosamente la duración de las bombillas. A la vez, el Cartel (Phoebus) creó una intrincada burocracia para imponer sus reglas: los fabricantes eran multados severamente si se salían de las normas establecidas de las 1000 horas. Había tablas de multas por el año 1929 que mostraban cuánto se multaba en Francos Suizos a los miembros del cartel si sus bombillas o lámparas duraban más que el establecido por el mismo Phoebus.

A medida que esta medida tomaba efecto, la vida útil de las lámparas comenzó a caer. En poco menos de 2 años pasó de 2500 horas de vida útil a menos de 1000. Para los años 40, el Cartel Phoebus había conseguido su objetivo: una lámpara estándar duraba 1000 horas. El propio biznieto de uno de los mayores fabricantes de lámparas y electrónica Warner Philips explica que por 1932 era entendible y comprensible esto porque por ese entonces la sostenibilidad era menos importante.”Todo se veía desde la perspectiva de la abundancia y no de los escasos recursos que podría tener el planeta”.

El simbolo de una brillante idea es curiosamente el símbolo más claro de otra más oscura: la de obsolescencia programada.

Aunque en las décadas siguientes se patentaron muchísimas nuevas lámparas incluso algunas superando las 100.000 horas útiles, ninguna llegó a comercializare y si bien Phoebus nunca existió oficialmente su rastro nunca ha desaparecido. Su estrategia era ir cambiando de nombre: se llamó “Cartel Internacional de Electricidad” y luego volvieron a cambiarlo. Y sigue hasta el día de hoy vaya a saber bajo qué nombre.

Pero no sólo pasa con las bombillas o lamparas. Actualmente equipos tan comunes como una lámpara también son objetivos de las Obsolescencia Programada.

Las impresoras de tu casa u oficina es un claro ejemplo. La mayoría de las impresoras de chorro de tinta como Epson, HP, Lexmark y tantas otras poseen debajo de los cabezales unas pequeñas esponjas donde se deposita la tinta sobrante de las impresiones que se vayan realizando. Tras un número prefijado de chorros la impresora decide que está llena y deja de funcionar indicando que debe ser enviada servicio técnico a reparación. Sólo que la mayoría de las veces conviene comprar una nueva que reparar dado que los costos parecieran ser curiosamente menores y los de reparación mayores.

Los fabricantes con la excusa de que no quieren que tu escritorio se manche, que los cabezales no se “tapen” aducen que necesitan esas esponjas donde se deposita la tinta y que es necesario que los cabezales escupan tinta sin necesidad de tanto en tanto. La verdad pareciera ser que lo hacen para que un equipo pase a mejor vida antes de lo provisto: ya sea para ser reemplazado completamente o si esto no es posible que sus insumos lo sean.

La Sociedad de Consumo y la Producción en Masa son hermanos de la la Obsolescencia Programada. El problema de los productos hechos para durar menos es un patrón que comenzó con la Revolución Industrial: de la nuevas máquinas salían mercancías mucho más baratas, y esto era fantástico para los consumidores. Pero paradójicamente había tanta producción que la gente ya no podía seguir consumiendo al ritmo de las máquinas.

Ya en 1928 la revista de publicidad Printer’s Ink que se vendía a sólo 10 centavos la copia advertía en su número 6 del 10 de Mayo que: “Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”. Y de hecho con la producción en masa, los precios de los productos bajaron y fueron mas asequibles al consumidor: la gente comenzaba a comprar más por diversión que por necesidad. Pero en 1929, la gran Crisis de Wall Street frenó en seco la incipiente sociedad de consumo y llevó a los estados Unidos a la Gran Depresión: las colas ya no eran para comprar sino para pedir trabajo y comida.

Pero no todo estaba perdido: Bernard London, un prominente inversor inmobiliario tuvo la brillante idea de sugerir en el primer capitulo de su libro la Finalización de la Depresión a través de la Obsolescencia Programada. Era la primera vez que este concepto aparecía por escrito. London, planteaba en su libro que todos los productos tuviesen una vida limitada con una fecha de caducidad después de la cual se considerarían legalmente muertos.

A través de este concepto, Bernard London trataba de equilibrar capital y trabajo, así siempre habría mercado para productos nuevos. Con este pensamiento se pensaba que las fábricas seguirían produciendo, los consumidores seguirían consumiendo y habría trabajo para todos. La gran pregunta es si Bernard London pretendía aumentar las ganancias de las Empresas y Fábricas o simplemente ayudar a los desempleados y a paliar los efectos de la Gran Depresión Norteamericana.

Dorothea Witzner, hija del socio de Bernard London recuerda que su padre le pidió que le explicara su filosofía. Ella recuerda cómo este hombre que le parecía tan interesante le contaba su idea para reducir la Depresión. La economía en ése entonces era un desastre, estaba obsesionado con esa idea tal como un artista con sus pinturas. Dorothea recuerda que London le susurró al oído la idea como si temiera que fuera demasiado radical para la época.

De hecho, la idea de Bernard London pasó inadvertida y la obsolescencia obligatoria nunca se puso en práctica.

Pero 20 años más tarde, en la década de 1950 la Obsolescencia Programada resurgió, sólo que con un giro crucial: ya no se trataba de obligar al consumidor, sino de seducirlo.

“Obsolescencia programada: el deseo del consumidor de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario.”

Brooks Stevens, el apóstol de la Obsolescencia Programada dijo estas palabras en la América de la Post-Guerra. Brooks fue un diseñador Industrial que creó desde tostadoras hasta Coches y trenes. Todos los diseños de Bruce eran acordes a la época, insuflando modernidad y velocidad y hasta su propia casa era adelantada a la época: parecía una estación de autobuses. Segun Brooks, el enfoque americano sobre la fabricación de un producto distaba muchísimo del enfoque americano: el primero ideaba y realizaba sus productos para que tuviesen una larga vida útil. El enfoque Americano era crear un consumidor insatisfecho con el producto que ha disfrutado, que lo venda como segunda mano, y que compre uno nuevo con una imagen aún más nueva.

Viajó a través de todo estado Unidos promoviendo esta idea dando charlas y discursos y logró que las mismas tuviesen un gran eco en la sociedad de aquel entonces.

En avisos comerciales de los años 50, se aseguraba que la gente se estaba fijando más en el aspecto de las cosas, que prestaban atención a todo lo nuevo, bonito y moderno. El diseño y el Marketing comenzaban a seducir al consumidor para que deseara tener el último modelo de todo. Ese estilo despreocupado de los años 50 sentó las bases de la sociedad consumista actual.

Pero hoy en día, en la actualidad, la Obsolescencia Programada se enseña en la Facultades de Ingeniería: el Ciclo de Vida del Producto es el eufemismo para denominar a lo mismo que estamos tratando. Se le enseña a los estudiantes a diseñar para un mundo empresarial con un único objetivo: compras frecuentes y repetidas.

Con su modelo de negocios, las empresas fijan la frecuencia de renovación de sus productos. Los Diseñadores reciben esa información y deben diseñar los productos para que encajen perfectamente con la estrategia de negocio del cliente.

Desde los años 50 el crecimiento económico ha sido el “Santo Grial” de nuestra economía.

Serge Latouche, profesor Emérito de Economía de la Universidad de París, asegura que vivimos en una sociedad de crecimiento cuya lógica no es crecer para satisfacer las necesidades sino crecer por crecer. Infinitamente con una producción sin límites.

Según Latouche exciten 3 instrumentos fundamentales: 1- La Publlicidad, 2- La Obsolescencia Programada y por último el Crédito.

Y si tenemos en cuenta que en la última generación nuestro rol en la vida se limita a pedir créditos para comprar cosas que generalmente no necesitamos eso se traduce en algo que no tiene demasiado sentido.

Quienes critican la Sociedad de Crecimiento sostienen que este modelo no es sostenible a largo plazo porque se basa en una contradicción: Quien crea que un crecimiento ilimitado es compatible con un planeta limitado está loco, o es economista.

Pero muchas personas se dan cuenta que las cosas no están yendo bien y que deben cambiar cuando muchos políticos dicen que ir de compras y consumir es la mejor medida para reactivar la economía.

Si volvemos al caso de las impresoras y leyendo la documentación manuales técnicos nos damos cuenta de que los Diseñadores Industriales e Ingenieros las diseñan para darle una vida útil determinada: 20.000, 18.000 páginas impresas, 5 años de uso, y así. Pero como lo consiguen: colocando un simple Chip dentro de la impresora.

Un Chip EEPROM es un pequeño elemento electrónico donde se guarda un recuento de impresiones. Cuando el número de impresiones llega al número programado en el Chip, la misma se bloquea o comienza a avisar que debe ser llevada a servicio técnico.

En 1940, el gigante DuPont presentó uns fibra sintética revolucionaria, “más que un ataque Marciano” como lo anunciaban los periódicos de la época: el Nylon. Para las mujeres, las medias duraderas era un gran progreso. Pero esa alegría duró poco.

Los empleados de la fábrica, llevaban prendas y medias a sus hogares para que sus esposas y novias las pudiesen usar. Eran muy resistentes: hasta los hombres admiraban la resistencia de estas medias de Nylon haciendo pruebas de arrastre de autos con solamente medias atadas como elemento de tiro. Una cadena, reemplazada por una media de mujer. ¿Quién podría creerlo? Pero como siempre, había un problema: duraban demasiado. Las mujeres felices, porque rara vez las medias se corrían o rompían pero los fabricantes no lo estaban tanto porque significaba que no se iban a vender muchas medias. DuPont dió nuevas instrucciones: los ingenieros e investigadores debían comenzar desde cero para crear fibras más débiles y dar con algo más frágil, que se rompiera y así las medias no durarían tanto.

El “hilo eterno” desapareció de las fábricas y los químicos tuvieron que dejar de lado el orgullo de haber creado con todo su conocimiento una fibra resistente por una imposición y necesidad de negocios.

El debate entre hace productos que duraran para toda la vida como enseñaba la vieja escuela y hacer productos casi descartables como lo hacía la nueva, se resolvió cuando la nueva escuela ganó la partida. Así de simple.

Pero lo que no sabían los consumidores de la América Consumista, era que al otro lado del continente, no existía la Obsolescencia Programada: la economía comunista no estaba pensada ni regulada por el libre mercado, sino por el Estado: en Alemania del Este las normas de fabricación estipulaban que una heladera debía durar al menos 25 años. En 1981 una fábrica de Berlin este comenzó con la fabricación de una lámpara de larga duración y la presentaron en una feria internacional en busca de compradores occidentales pero los del Occidente rechazaron la bombilla, a pocos años el Muro de Berlín cayó, la economía pasó a ser de consumo, la fábrica Narva cerró y la lámpara de larga duración dejó de producirse.

Pero en la era de internet actual, muchos consumidores están dispuestos a luchar contra la Obsolescencia Programada.

El iPod, símbolo de tiempos actuales de música para llevar, en su primera versión tenía problemas de batería que hacían que durara sólo 18 meses. Y no había programa de recambio: simplemente debían comprar un nuevo iPod allá por el año 2001. La obsolescencia programada llegaba a los tribunales nuevamente medio siglo después con una demanda de varios consumidores contra Apple. Luego de casi 2 años y de exigirle a Apple documentación sobre la batería del iPod, se supo que la misma había sido programada para tener una vida demasiado corta. La Obsolescencia Programada había sido el principal motivo en el diseño y construcción del iPod desde un primer momento. Se llegó a un acuerdo entre las partes donde Apple extendió la garantía a 2 años y un programa de recambio de baterías además los querellantes recibieron una compensación.

Pero no sólo de trata de nuestros bolsillos. Se trata del medio ambiente también. Países como Ghana en Africa reciben contenedores diarios de residuos de la Obsolescencia Programada. Desde hace más de 10 años llegan a este país residuos electrónicos: televisores, computadoras, celulares, cámaras, y más. Hay tratados internacionales que prohíben esto, pero hecha la ley, hecha la trampa: se declaran estos productos como de “Segunda Mano” sólo que tienen un pequeño detalles: más del 80% de estos “residuos” de Segunda Mano no se pueden reparar. En una ciudad de Ghana había un precioso río, el Odaw, lleno de peces y vida. hoy es el cementerio de todos estos residuos electrónicos enviados desde países industrializados a países del Tercer Mundo.

El biznieto de Philips, Warner Philips, sostiene que Mercado y sostenibilidad es posible. Y que ya no podemos seguir comportándonos de la manera que los hacemos: consumiendo y tirando. El Mundo ya no lo puede soportar. De hecho, según él es la mejor manera de hacerlo para un negocio: se considera el costo real de los recursos utilizados, el consumo de energía incluido el costo indirecto del transporte. Si se considerarín todos los esos detalles, los empresarios de todo el mundo tendrían poderosos incentivos para hacer productos que duren para siempre. Warner es el responsable de la lámpara de LEDs Philips de 25 años de duración través de Lemnis Lighting.

De la Cuna a la Cuna es un nuevo concepto en el replanteo de la Ingeniería para la fabricación de productos: se trata de realizar y fabricar productos como lo hace la Naturaleza misma. Así como las hojas secas y frutos que caen al piso no son residuos y desechos en el planeta sino que sirven para dar más vida aportando nutrientes o como base de nuevas formas de vida, se pretende que las fábricas imiten este proceso. Una fábrica de telas en Suiza es la prueba viviente de esto: de los cientos de tintes y productos altamente tóxicos que la fábrica utilizaba para hacer sus telas, ahora sólo utilizan 36 y todos biodegradables. En una sociedad de consumo, una producto de vida corta crea un problema de residuos. Si una sociedad produce nutrientes, los productos de vida corta se convierten en algo nuevo.

Reducir nuestra huella ecológica, reducir la sobreproducción, el sobreconsumismo, es el nuevo objetivo de aquellos que están a favor de cambiar la Obsolescencia Programada como paradigma de consumo. Cada vez más dependemos de objetos para definir nuestra identidad y autoestima. Eso es consecuencia de la crisis de aquello que solía darnos identidad como las relaciones personales, comunitarias o con la tierra. O de las pequeñas cosas, las sencillas que el consumismo ha reemplazado.

Si la felicidad dependiera del nivel actual de consumismo, deberíamos ser absolutamente felices. Consumimos 26 veces más que en la época de Marx pero no somos ni 20 veces más felices que en aquellas épocas y el aumento documentado de consultas medidas por depresión y tantas nuevas enfermedades son una muestra clara de ello.

“El Mundo es lo suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos pero siempre será demasiado pequeño para la avaricia de algunos” lo decía Gandhi.

Pueden ver el documental aquí: http://www.lareserva.com/home/reducir_reclicar_reutilizar

5 Respuestas de “Estamos Programados: Comprar, Tirar y volver a Comprar”

  1. ARTURO TONELLI 2 octubre 2011 a las 9:32 pm #

    SI HAY ALGUN COLECCIONISTA O INTERESADO EN DICHA BOMBILLA, OUEDE PONERSE EN CONTACTO CONMIGO. E.MAIL: aatonelli@yahoo.com.ar

  2. ARTURO TONELLI 15 septiembre 2011 a las 12:14 pm #

    Tengo una bombilla igual a la que luce en el cuartel de bomberos de California, es de 220 volt. Ha sido fabricada en inglaterra por CROMPTON PARKINSON LIMITED. Todavia funciona, ademas tiene la caja de embalaje original. Saludos

  3. Ramon Maynou 18 febrero 2011 a las 7:23 am #

    Con la tecnología LED los fabricantes vuelven a aplicar la obsolescencia programada. O sino, solo tenéis que buscar los primeros anuncios que decían que los LEDs duraban toda la vida. Ahora OSRAM los ofrece bombillas LEDs sólo para 25000 horas apenas 3 años y supongo que irán disminuyendo la vida.
    Y mi experiencia con varias bombillas con LED es que apenas me han durado un año con uso discontinuo. Estoy pensando muy mal de los fabricantes de bombillas LED. A ver si las asociaciones de consumidores se implican e informan a los consumidores sobre este tipo de tecnología y hacen comparativas de marcas y productos.

  4. Gaston 11 febrero 2011 a las 8:08 pm #

    Como se llama la Pelicula Lisandro

    • Latente! 12 febrero 2011 a las 9:14 am #

      Gastón, al final del post tenes un enlace para verla.


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