La Juana: 2002 – 2010
Todavía no lo puedo entender. Le busco la vuelta, voy y vuelvo, pienso y repienso, repaso cada cosa, cada paso, cada mirada y sonido. Y no lo entiendo. Tengo una imagen en mi cabeza que apareció al momento de darme vuelta y buscar con la mirada a mi perra. ¿Y La Juana? ¿La Juana? Dí otra vuelta sobre mi eje, y no estaba atrás mío, ni a mi costado, ni mirándome con ojos curiosos. Levanté la vista y a 10 metros ví del otro lado de la calle un cuerpo en el piso. Esa no es La Juana me dije. No puede ser La Juana. Volví a mirar atrás mío y mi perra no estaba. Comencé a temblar y a aceptar que la realidad era la que yo mismo estaba negando.
La Juana estaba tirada de costado, sin sangre, sin heridas, sin respirar y con su lenguita afuera al otro costado de la calle. Pensé en lo que debía hacer: levantarla, llevarla a un veterinario que hiciera recolección de animales muertos, pagar por su peso, y despedirme para que se la llevasen al centro de tratamiento de residuos patógenos. Me paré al frente, la miré. Los autos pasaban y no me animé a tocarla. Comencé a ser consciente de la situación. La Juana estaba muerta. Su pelito marrón y su pecho blanco que hacía dos días atrás había bañado, estaban tirados sobre una calle que no dejaba de escupir autos a una velocidad tremenda.
¿Cómo pasó? No escuché nada, ni un ruido, ni un sonido, ni una frenada, acaso mi ojo en el lente de la cámara me bloqueó los demás sentidos? Fué la música en mi oídos? Pero si escuchaba todos los demás sonidos… en qué momento? ¿Cómo llegó ahí? Si ella jamás cruza la calle!! Jamás se baja sin la orden de: ahora! ¿Cómo está muerta!!??
No me animé a levantarla. A tocarla. Agarré el teléfono y me comuniqué con Carlos: mi amor, acaban de chocar a La Juana y está muerta… No sé! No sé!!!!
Sigo sin saber. Sigo sin entender.
Puse mis manos que temblaban abajo de ella y la quise levantar. Todo su cuerpo se dobló y caminé con ella en mis brazos si poder mirar su cara que caía hacia abajo. Caminé, me dolían los brazos, caminé y lagrimée y no podía entender ni cómo, ni porqué, ni cómo, ni porqué, ni cómo ni porqué. Sigo sin entender.
Ni un ruido. Ni una señal. ¿Cómo la chocaron? ¿Quién la chocó? ¿Cómo pude ser tan irresponsable de concentrarme en una foto y descuidarla?
El día comenzó a las 8.30 de la mañana. Mates, radio, y un bizcocho para La Juana que estaba en el patio. Luego, el alicate: manicura para mi perra. Las uñitas ya estaban largas y si bien no le gusta que se las corte se deja. En la última siempre intenta morderme. Después busca los restos de sus pezuñitas y se las come. Y sale corriendo. Cámara. Sesión de fotos en su cucha nueva. Hermosas. Momentos íntimos entre ella y yo. Me tiro al piso, la observo, click! Otro más. Así, más de cerca, más lejos, y revolea los ojos. Le gusta que le saquen fotos. Me tiré a su lado en el piso y me quedé mirándola. Lo hermosa que era a pesar de lo insoportable que se podía comportar a veces. Más fotos.
Luego pensé: el enorme esfuerzo que hacen ellos para evolucionar. Me acordé de la araña que casi mato unos días atrás y que consciente de eso, la dejé vivir y la llevé afuera. Pensé en La Juana, y en qué reencarnaría. Era una muy buena compañera y había soportado a un amo como yo, que la tenía cortita, y que la dejaba hacer lo que quisiera a la vez.
Me calcé los auriculares, busqué la cámara y salió corriendo porque ya sabía que íbamos a salir a caminar. Paseamos, sacamos fotos, caminamos y disfrutamos. Siempre atrás, siempre adelante, nunca abajo de la vereda, siempre igual ella.
Todavía no lo puedo entender. Le busco la vuelta, voy y vuelvo, pienso y repienso, repaso cada cosa, cada paso, cada mirada y sonido. Y no lo entiendo. Tengo una imagen en mi cabeza que apareció al momento de darme vuelta y buscar con la mirada a mi perra. ¿Y La Juana? ¿La Juana? Dí otra vuelta sobre mi eje, y no estaba atrás mío, ni a mi costado, ni mirándome con ojos curiosos. Levanté la vista y a 10 metros ví del otro lado de la calle un cuerpo en el piso. Esa no es La Juana me dije. No puede ser la juana. Volví a mirar atrás mío y mi perra no estaba. Comencé a temblar y a aceptar que la realidad era la que yo mismo estaba negando.
Mi perra ya no está. Mi perra está conmigo en el patio. Esta noche le voy a dar sepultura con mis manos y la voy a despedir y agradecerle por haber vivido su tiempo de vida como lo merecía. Sólo espero que el esfuerzo que hizo en ésta sea recompensado. Que las alegrías que nos dió a todos, los enojos que me hizo dar, los chirlos que recibió de cachorra por embarrarse en cuanto charco encontraba y entrar corriendo al departamento, le sirvan de pase directo a una mejor vida. Que vuelva en otra “La Juana”. En una versión aún más cariñosa, menos hartante, menos dependiente, mucho más generosa de lo que era y tan fiel como lo fué hasta hoy.
Siento un vacío enorme. Y haber escrito todo esto me alivianó un poco el dolor y el sentimiento de irresponsabilidad que siento desde hace unas horas.
Repaso y repaso, le busco la vuelta. ¿No podría haber sido otro día? No. Hoy fué nuestro día: bizcocho, masajes, uñitas cortadas, fotos, miradas firmes a los ojos, amor, mucho amor, y un último paseo juntos.




La Juana nos hizo reir taaantas veces. Con La Juana aprendí a amar a los perros.
Gracias Juana!!
Era de una personalidad indescriptible. Unica.
La Juana podía quedar horas “literalmente” esperando que soltáramos la pelotita que alzamos para jugar o el palito que le íbamos a tirar para que busque.
La Juana podía alzar piedras que a cualquiera le rompía los dientes y la carretilla.
La Juana era el terror de los palitos, los convertía en viruta en un santiamén.(Después tardaba un poco en sacarse la viruta de la boca jajaja)
La Juana nunca ignoraba tu llegada. Aunque teníamos que hacer como que la ignorábamos nosotros a veces por su excesiva efusividad para recibirnos.
La Juana se ponía boba si le rascabas el pecho. No podía reaccionar. jajajja
La Juana siempre va a ser recordada por quienes la amamos.
Hay algo que todos sabemos, y es que La Juana va a permanecer siempre en la memoria de todos… “Juana La Loca, Juana La Loca” le decíamos, y ella empezaba a ladrar casi aullando mientras nosotros disfrutábamos de esa esperada reacción.
Juana nos sorprendió a todos muchas veces este año… cuando menos nos dimos cuenta, tenia una compañera, La Loba, con la cual salían todos juntos a caminar… cuando menos nos dimos cuenta, ella – ¡¡¡SI LA JUANA!!! – fue mamá de hermosos cachorros!!! Y cuando menos nos dimos cuenta, nos abandonó, pasó a mejor vida y se incrustó en los recuerdos de todos los que la queremos…
¡¡¡Gracias Juana por todo!!!
puta madre. Hace poco me paso lo mismo con Gloria y con Lucas, está en mi blog. Besos