La silla de ruedas y el perro de la esquina

Me encanta ver la gente pasar. Me encanta observalos, imaginar cómo son sus vidas, adonde van, en qué van pensando. Adivinando pensamientos de las miradas de unos hacia otros.

Suena Sandra Mihanovich. Un silla de ruedas se detiene delante mío y me da la espalda. Una campera rosa cuelga y los puños de las dos mangas tocan apenas el piso. Porsupuesto que están mojados: llovió fuerte gran parte de la tarde y todas las veredas tienen charcos de agua. Sobre la campera una mochila gris y rosa con dibujos modernos de MTV y luego noté todos los artificios que tenía esa silla de ruedas para poder plegarla: argollas, pequeñas trabitas, manijas que se pueden ver a simple vista que se pliegan o giran… Sus ruedas de goma gris casi del mismo color de la mochila y de las mangas de la campera.

¿Esta sola?¿Nadie la acompaña? Pensé si debía levantarme y ayudarla a cruzar y me dije que debía hacerlo, sólo si lo sentía y no como un acto de alimento al ego y a la imágen y escrutinio público. En ese mismo instante el semáforo dio luz verde para los peatones y todos apresuraron el paso. Ella apoyó sus manos en las ruedas y decidida hizo una gambeta, enfiló para la rampa de bajada y siguió. Pensé que su silla de ruedas no debía ser económica por todas las características que tenía, incluso las ruedas tenían un sutil ángulo de inclinación como en las sillas que se ven en carreras de minusválidos, eso les dá potencia,estabilidad y comodidad. Creo, no soy un entendido en el tema pero me imagino que debe ser por eso, sino ¿a quien le gustaría andar con ruedas torcidas?

Sandra y su hermano recitaban a coro “...Que la vida no se puede abandonar…” Y la vi alejarse. Mi vista se desenfocó y los pies de muchos transeúntes pasaban frente a mí: colores y velocidades diferentes, mis ojos se desenfocaron más y pensé que se me iban a llenar de lágrimas. Lágrimas y una mueca de sonrisa en la cara. Que se yo… relacioné  la frase de la canción y la silla ruedas que ya iba varios metros adelante, allá, esquivando gente que venía hacia mi lado. ¿Podría yo? ¿Podría yo no abandonar la vida ante una circunstancia así?  Los pasos nerviosos frente a mis ojos del perro callejero que corría a los taxis de sonido particular me hizo volver a enfocarme en todo.

La gente seguía caminando y sus vidas seguían pasando. Y yo sigo imaginando.
Amo esta esquina. Amo ser un testigo visible y ausente para todos. Algunos pasan y miran, curiosos. Posan sus ojos y por milésimas de segundos parecen preguntar con la vista: ¿sos vos? Quizás piensan que estoy haciendo lo mismo que ellos: buscando a alguien.
El perro se echó a mi izquierda y buscó una baldosa seca para hacerlo. La oreja del mismo lado está doblada pero dudo que le importe como tampoco las marcas de peleas en su hocico. No puedo imaginarme en que piensa ni cual será su vida: solo sé que cada tanto busca a su obsesión color amarillo con un sonido particular, hasta ahora se vuelve cabizbajo después de 3 ladridos.

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