Lo importante, lo vital.
Mientras limpiaba un poco el departamento me puse a pensar en lo poco sensibles que somos en observar y sentir lo que pasa a nuestro alrededor.
Ruidos, sonidos, alertas, teléfonos, visuales. De todo por todos lados tratando de captar nuestra atención. Creemos estar mirando, creemos estar escuchando y nos convencemos que podemos prestar atención a un monton de cosas que pasan a nuestro alrededor y nos mentimos en cada una de estas afirmaciones.
¿Hace cuánto tiempo que no estás en silencio? En total silencio. Vos y el silencio. Vos y el entorno que te rodea. Tus libros, tus paredes, tus colores y olores. Sí, los tuyos.
Yo hace bastante. O hace poco. Por momentos me abstraigo y logro desenchufarme un poco de todo, caigo en mis pensamientos que van de un lado a otro hasta el nivel en que ya no son importantes ni les presto atención. Quizás lo más cercano a estar desenchufado, quizás lo más cercano a una meditación con ojos abiertos. Pero necesito un tiempo para mí, una hora, 40 minutos. Un momento de total relajación donde pueda descansar y aclarar las ideas y pensamientos, y conectarme un poco más con lo que creo que soy, hacia donde creo que voy y despejarme de tanto ruido, sonidos, alertas y palabras que la mayoría de las veces no tienen sentido, contenido o significado.
Estamos pendientes, la mayoría del tiempo de cosas que no requieren de nuestra real atención: un sms, un mail, un tweet, un llamado, una mirada. De todo. Estamos desesperados por pertenecer y ser “algo” en algo, o en alguien. No soportamos la idea de no ser reconocidos en la mayoría de los casos, y hemos extendido la importancia de nuestro círculo íntimo y de valor a personas que no conocemos, que no nos conocen, y que no sabemos nada de ellos. Preferimos jugar con ésto, contentarnos y convencernos que la valoración es la misma y nos sentimos bien ante la sensación de falsa importancia que recibimos de todos los estímulos ajenas que nos rodean.
Pero nos olvidamos del más importante de todos: el estímulo de nosotros mismos.
No es fácil dejar que nuestro Ego se despida de lo que nos hace creer que es importante y vital para nosotros y reconocer que mucho de lo que nos rodea, sigue funcionando sin nosotros. La mayoría de lo que consideramos importante, y de lo que estamos pendientes todo el día, sigue su curso. Nos molesta la idea de que ya no somos el centro de atención, que nuestro ex siga con su nueva vida, que la vieja empresa siga funcionando tal cual como la dejamos, que las redes sociales no nos recuerden tanto como creemos que nos recordarán y que nuestro teléfono no suena tanto para invitarnos a fiestas como hace un tiempo.
Ésa sóla idea que nos trata de imponer nuestro Ego del falso valor que tenemos de nosotros es lo que nos limita en todo lo que nos rodea.
Quizás reconocerlo por un momento nos devuelva al lugar donde pertenecemos: a nosotros mismos. Después de todo: ¿qué somos sin nosotros?
Creemos que sin ésto o sin aquello no somos nada. Si no poseemos ésto, si no compramos lo otro, si no somos miembros de tal club o no nos siguen más de 300 personas no somos nadie. ¿te preguntaste alguna vez qué serías sin vos?
Comencemos a darle importancia a lo que realmente importa. A nosotros. Estemos pendientes de las señales, avisos, alertas, sonidos, colores y olores que de nuestro ser se desprenden. Conozcamos nuestro ser un poco más. Dejemos de lado, por un rato al menos, todo lo que consideramos importante pero que identificamos en el fondo de nosotros que no lo es. La verdad siempre se encuentra en nosotros. Sólo hay que mirar con ojos sinceros, porque la respuesta está ahí.
Comencemos a estar más pendiente de los pensamientos que salen de nuestra cabeza y analicemos los mismos. Cambiemos si es necesario, el curso de los mismos y modifiquemos lo que no nos gusta. No aceptemos las cosas como se muestran y que toda oportunidad que aparezca ante nosotros sea una para aceptar.
A veces, se materializan oportunidades sólo para distraernos de nuestro camino. Hay un montón de estímulos externos que nos desconcentran y distraen. El tema es que si no estamos atentos a lo que nos pasa, a lo que intuímos, a lo que sentimos y le damos “aceptar” o “me gusta” a cada cosa que nos ponen adelante, llegará un momento en que lo que realmente es importante y vital para nosotros quede tapado de un montón de basura que llevará tiempo despejar y aclarar.
¿Nos conocemos un poco? ¿Sabemos en el fondo dónde queremos ir y quienes queremos ser? No dándonos el tiempo necesario de conocernos, nos resta tiempo. Un tiempo valioso que se va en cada segundo. Y cada segundo es importante. ¿Qué es importante y vital para vos?



Wow, me encantó esta nota. Y estoy tan de acuerdo en muchas cosas. También concuerdo con Dayana: menos Facebook y más café/mate/té compartido en una mesa real con nuestros amigos. En las redes sociales hay tanta frivolidad… Hacer pública la vida privada, y cada cosa que todos hacen, para regodearse de la vida que llevan, y no encontrarse nunca personalmente. Hace un par de meses le di de baja a facebook por que estaba muy pendiente de esa red social. Luego ingresé nuevamente, pero quité todas mis fotos y datos personales. Y por suerte no estoy tan pendiente. A la larga, las redes sociales terminan alejandonos entre nosotros.
A veces, uno le escapa al silencio, a esos momentos de estar solo, para evitar pensar en cosas que queres hacer de cuenta que no existen, no queres enfrentar algunos fantasmas que tenes guardados en el placard…
100% de acuerdo y es algo que vengo pensando hace muuucho tiempo también.
Qué poco valor se le da al silencio, a la reflexión y a la introspección por estos días. Cuánta apología a la frivolidad se hace en muchos ámbitos (laborales, personales y hasta educativos) y cuán desconectados de nosotros y de nuestros afectos vivimos por darle bola a pavadas.
Menos Facebook y más café/mate/té compartido en una mesa real con nuestros amigos.