El Regalo

Personal

Suena “The Gift”.

The Gift por Annie Lennox – Best of on Grooveshark

Decidí dejarlo sonar cuando sentí la necesidad de escribir algo que hace tiempo tenía ganas de hacer. Y que hace menos de un minuto un renglón  de texto en un mensaje privado de una de Mis Quinceañeras me hizo reaccionar… fué como esas palabras claves que usamos para no olvidarnos de algo importante, como un disparador. Y pensé: “nunca escribí sobre eso que necesitaba hacer…”

Cuando volvía de un Evento hace un mes atrás pasé a saludar a una vieja conocida de mi pueblo que justamente está viviendo en la ciudad donde tuve que ir a registrar una Fiesta. Semanas antes estuvo insistente por mensajes, averiguó mi teléfono, me escribió, me pidió que vaya a visitarla, que me quede en su casa y pase la noche ahí incluso… y la verdad que por dentro sentía que no tenía nada que me una a ella. Fuí incluso, esquivo a la invitación, siempre aludiendo que vería cuestiones de tiempos  y bla bla bla.

Llegó el día de la Fiesta en el pueblo, y nos quedamos a dormir en un pequeño hotel. Pero al despertar me dije que no podía irme sin pasar al menos a saludar a Vicky.

Vicky, esta chica de mi pueblo de infancia, era una más de las tantas que iba al Colegio de Monjas cuando yo era chico. Es mayor que mi hermana que ya de por sí me lleva 4 años así que la verdad nunca tuve con ella mucha relación, salvo la que se genera en los pueblos en la cual todos somos conocidos, y donde tu tío es amigo del hermano y la madre vive a la vuelta de la casa de tu abuela y su madre fue tu maestra en segundo grado y quizas su hermano fué tu dentista. Si no fuese por todas esas conexiones, de Vicky yo no tendría mayores referencias.

Sólo recordaba de ella su enorme sonrisa, su pequeña altura y sus lentes. Era lo único que recordaba.

Decidí escribirle un mensaje. Llamarla mejor. Y me atendió como ansiosa. Le dije que podía pasar unos minutos porque debíamos regresar a Córdoba rápido, lo cual era cierto, y la noté bien feliz por teléfono.

Al acercarnos a su dirección, mi percepción de ansiedad fué real porque ya estaba afuera esperando a mas de una cuadra de distancia. Y su sonrisa, la de mis recuerdos, estaba intacta. Sólo los lentes habían cambiado y en ese momento pensé para mis adentros: “…viste que pelotudo que sos a veces? si no hubieses venido, no tendrías esta sonrisa…”

Un abrazo, un beso. Y pensé docenas de razones de porqué alguien que sólo te conoció de chico, te podía demostrar tanto cariño y hacerte sentir tan cómodo.

Hablamos. Chusmeamos. Y nos sentimos cómodos. Y nos despedimos.

 

Cuando regresábamos, volviendo por una ruta con árboles a los costados y mirando todos esos palitos a toda velocidad comenzaron las preguntas y los pensamientos en voz alta.

-¿Y porqué te tiene tanto cariño? Me preguntó el Gordo. -Y no sé. Supongo que es porque de chico yo era muy mimado en el Colegio.

-Mimado? -Sí, era como el nenito de ojos verdes, y todas venían y me agarraban en los recreos y se peleaban entre ellas sobre cual sería mi esposa y con cual me iba a casar.

-JAJAJJAJAJA y mirate ahora! respondía el Gordo con su naturalidad. -Y sí… pobres… jajajaj era insoportable para mí.

-Insoportable? – Sí, yo sólo quería que no me vieran. No quería tener ni ojos verdes, ni ser el lindo, ni ser el centro. No quería porque sabía lo que venía después… pero era imposible escapar de eso. No podes cuando tenes 6 años. 8 años. Y me hacían cantar, y me sentaban en sus faldas, y se paraban en frente a mí y me pedían que abra los ojos grandes… supongo que por ese entonces ellas tendrían 15 años… o por ahí… justo cuando empiezan a pensar en noviecitos… que loco no?

-Sí, debe haber sido, pero debe haber sido bueno, dijo Carlos.

– Sí… ahora que lo pienso, justo en este momento tomo conciencia de algo que nunca había sido capaz de ver. Que tengo que ser agradecido de la niñez que tuve. Ahora soy consciente, gracias a verla a Vicky que si no hubiese tenido esas cosas conmigo, mi infancia hubiese sido un poco bastante diferente. Con todas esas cosas amargas, y nada quizás que balancee todo un poco. Me acabo de dar cuenta de eso, acá mismo, en esta ruta, con esta música de fondo, y sabes que? Debería darle las gracias a Vicky. Debería decirle que gracias a ella, a verla resolví algo que no tenía resuelto de mi infancia. Algo de lo que me sentía culpable, algo de lo que me cuestionaba de mí. Y que si bien, nunca lo pedí, por algo se presentaron esas situaciones. Esas atenciones. Esas preferencias. ¿Sabes qué Gordo? Debería escribir sobre esto…

– Y hacelo, si a vos te gusta.

– Lo voy a hacer. Le voy a dar las gracias a Vicky.

 

Más de un mes. Nunca lo hice hasta hoy.

 

Mientras escribo suena una y otra vez “El Regalo” de Annie Lennox. Y cuando pasé por las lineas anteriores me comenzaron a lagrimear los ojos. Incluso pensando en mi hermana leyendo. Las cosas de afuera se ven tan distintas a lo que uno las vive por dentro. Somos una imagen tan diferente a la que muchas veces proyectamos… mierda.

Y recibo una mail de Mi Quinceañera que me hizo reaccionar… “…Graciaaaaas por alegrarme tanto ese Sábado! Ya se porque todos te adoran ahoraaa.. te quierooooooo un monton.”  Y me respuesta automática fué: “Gracias a ustedes, no por el trabajo, sino por todo lo que me ayudan en otras cosas….”

Ella no podría saberlo. Ninguna de ellas podría saberlo. Porque nunca hablé de esto. Porque aunque parezcan distantes, Vicky y Mis Quinceañeras se conectan con una parte de mí que perdí y que me gustaría recuperar siempre: mi niñez.

Son Mi Regalo. Si supieran cuanto me ayudan, con la energía que regreso cuando estoy con ellas, cuando me río, cuando las escucho, cuando las reto, cuando las hago enojar, cuando vuelvo cansado de sus Fiestas o Sesiones. Si supiesen lo vacío que queda mi departamento. Y lo vacío y gruñon que vuelvo a ser….

Yo tuve una Niñez afortunada. Con todo. Con t-o-d-o  lo que tuve. No me faltó nada: tuve drama, risas, películas de suspenso propias, escapes, aventuras, llantos, golpes, trompadas, abusos, comidas ricas, abrazos, besos, miradas, preferencias y desaires, tuve todo lo que necesitaba para hacerme un poco más fuerte cuando las cosas más adelante no iban a ser tan buenas. Y por eso a veces siento que “algo” de todo eso debo devolverles, de hacerles ver a ellas que la vida que viene es más poderosa si la encaran firmes. Y que son mucho más que una Foto hermosa. Suena creído? Sí. Lo soy. Me hice mi autoestima gracias a todos esos besos y abrazos de “Vickys” que me sentaron en su falda y me dieron la confianza para días como hoy. Fueron Un Regalo todos los días.

 

Necesitaba este tiempo para escribir. Para conectarme conmigo. A veces los regalos se abren rápido rompiendo el papel y deseando tener suerte. Otras veces, algunos Regalos tardan años en abrir para terminar cerrando la caja que los contiene. Vicky con una enorme sonrisa, con un abrazo, con un termo de agua caliente, con su charla amena hizo que recibiera uno que tendría un valor enorme para mí.

Gracias por ayudarme, por protegerme, por apretarme, por estrujarme, por hacerme sentir querido. Por hacerme sentir que tenía valor.

Viajando

Personal

Viajando. Una vez más. La noche afuera parece igual a tantas noches donde estuve sentado arriba de un colectivo. ¿Sería distinto viajando en un auto propio? Quizás no elegiría viajar de noche. Eso de seguro. La noche se hizo para dormir y dejar que el sueño reparador nos proteja.

Estaba pensando en cuantos kilómetros viaje el año pasado. Quizás más que todos los kilómetros acumulados en los casi 20 años que llevo en Córdoba viviendo. Ya soy un ciudadano cordobés. Sin dudas. El trabajo de Fotógrafo de Bodas o Quinceañeras me ha hecho estar arriba de algún medio de transporte más tiempo que otros años: sesiones previas, bodas, cumpleaños… Fiestas… Y una y otra vez cada viaje es nuevo.

Siempre.

Y este año no será distinto. Los límites se agrandan y no queda otra que ir donde esta el trabajo. De cierta manera tiene una relación con mi padre este punto. El otro día recordaba en mi casa, en uno de sos tantos momentos en los que,os pensamientos vienen como voces que necesitan tener un diálogo con uno mismo que en mi infancia muchas veces mi Padre estuvo ausente por razones de trabajo. Al ser Abañil, iba donde estaba el trabajo. Y cada tantas semanas volvía.

Creo que es la primera vez en toda mi vida que soy consciente de este hecho en la vida de mi papá.

No podría decir que a mi padre le costará mucho estar afuera de su casa, ese es un punto de diferencia que tenemos y el gen de “estar” en el lugar que sentimos y creemos nuestro lo herede de mi mamá. Me encanta viajar, pensar, escribir, observar, sentir. Pero siempre. Quiero volver. Más cuando tenes un corazón que está esperando o una espalda a quien abrazar. Me tira como dice el dicho que la sangre tira.

Cada año que pasa extraño más. Y cada noche deseo abrazar más fuerte. El deseo de no soltar se hace más evidente y subir a un colectivo para dejar atrás mi casa muchas veces pesa un poquito más. Se disfruta luego, pero arrancar cuesta.

Suena una canción en francés solo acompañada de una guitarra y un piano. Es ideal para esta hora de la noche. Afuera la el cartel de la ciudad de Montecristo acaba de darme la despedida en nuestro paso por la ruta, adelante la ruta. Y un camión.

Viajar. Otra vez viajando. Y esperar que la noche en la ruta me resguarde y cuide,

Los hay un corazón que quiero sentir latir. Y una espalda que abrazar.

Miedo a estar solos. Y desconectados.

Personal

Hace tiempo que vengo pensando es esto… De hecho hace unos días recordaba que hace unos años atrás me preguntaba públicamente el porqué de estar en las redes sociales y conectados permanentemente.

En ese momento tenía razones que iban más allá de el simple tiempo conectados, sino también con el tema de privacidad. Pero con el tiempo y las exigencias de los usuarios en algunos aspectos de esto último, pase a formar parte de los millones de usuarios que están conectados a redes sociales y comparten su estado a través de ellas, como Facebook o Twitter.

Pero algunas preguntas en todos estos años no han cambiado y mis pensamientos con algunas situaciones o planteamientos a las mismas siguen sin perder vigencia: forme o no forme parte de estas grandes redes y espacios.

Las mismas preguntas vienen y van una y otra vez: por qué y para que?

Pareciera que tenemos una necesidad tremenda de no estar solos, de estar conectados todo el tiempo y creo que una de las razones principales es que no sabemos estar en soledad. No sabemos estar solos o lo que es más interesante aún, con nosotros mismos.

Esa es la razón principal para mi de estar permanentemente buscando algún botón que presionar, una pantalla que mirar o un estado que actualizar. O un canal que ver: no queremos pasar tiempo con nosotros, porque eso implica compartir un espacio y tiempo con nuestras cabezas y pensamientos. Como sí eso fuese grave.

Bueno, pareciera que si.

Huimos todo el tiempo, de nosotros y lo que es aún peor, de los demás. Solteros, casados, madres, hijos, jóvenes, adultos y mayores ahora. Hemos acercado tanto la tecnología y la promocionamos entre nosotros mismos como la oportunidad de estar “más conectados”. Mentiras. Pura mierda que sale de nuestras bocas. Y nos tratamos de auto convencer de que es así. Incluso con la cantidad de veces que nos hemos sentido solos detrás de nuestras pequeñas pantallitas, ahí, en lo oscuro de la noche, tirados en la cama, mirando el techo o sentados frente a nuestra computadora y deseando que esa charla sea en la vida real en vez de texto con errores de ortografía.

Hace unas semanas atrás viaje por trabajo y pase tiempo con mi familia. Pero los ritmos de todos han cambiado. Mi madre ahora tiene una computadora. Y pasa tiempo jugando al Candy Crush, en silencio absoluto, y lo más importante es que eso se ha convertido en un tema de charla: ya no se habla del tiempo o como va la vida cuando no hay de que hablar, se habla del Candy y de lo difícil que parece ser sortear ciertos niveles. Hay risas, y charlas sobre eso. Y lo demás ya no se dónde quedó.

Y vivo conectado todo el tiempo. Y vivo solo además la mayoría de los días de mi vida. Sólo. Yo y mi cabeza. Solos, a veces muchas veces en total silencio. Sin radio, sin música, sin TV. Yo, las fotos de por medio que edito, y mi cabeza. Y pienso muchas “pelotudeces” como le digo a mi pareja. Pero en todos esos pensamientos me enfrento a mismo, y recibo, amaso y transformo lo que me gusta y lo que no me gusta de mi. Y no le hago asco. Tengo un diálogo importante conmigo mismo todo el día y todos los días. Y también está las redes, pero no las uso como escape. De hecho, hay muy pocas publicaciones “personales” si se quiere: más allá de las fotos de comida que siempre son populares, mis opiniones en la red son escasas. Disfruto mi compañía, de ir al cine solo, comer solo, tomar un café solo y escribir como en este momento y desear fervientemente que no suene el teléfono o sea interrumpido por alguna notificación de “algo”. Es mi momento.

Pero por todos lados veo situaciones que me llevan a pensar en lo poco que queremos estar solos, y si estamos con alguien, tampoco queremos estar sin el resto. No nos queremos perder nada. Nada sacrificamos, y creemos que ganamos por todos lados, pero la realidad es que perdemos más de lo que ganamos.

Sólo basta mirar o pensar en ciertas situaciones como ir a la plaza o parque, grupos de amigos, y todos con sus Blackberries o teléfonos inteligentes conectados y viendo lo que los que no están presentes están haciendo. Sea o no sea importante o vital para ellos. Madres que en restaurantes no hablan con sus hijos por estar mirando las pantallas de sus celulares. Niños aburridos y aislados en sus propios mundos. Parejas en Bares que no se hablan ni dirigen la palabra más allá de lo ocasional… O lo que aún es peor, sólo para mostrarle el estado de alguien en Facebook desde la pantalla del celular. Miren alrededor. Y mírense.

Muchas veces, caigo en lo mismo. Hemos pasado a pensar que esa normalidad, es lo normal de una relación de sociedad donde todos estamos conectados y enlazados. Donde necesitamos más contacto físico para construir mejores lazos.

De dónde salió eso de que por internet estaríamos más cerca? Sinceramente creo que es una de las mayores mentiras que nos han metido en la cabeza y hemos aceptado sin planteamientos. Porque? Porque es fácil. No hay que pensar demasiado, simplemente aceptamos sin cuestionar.

Cuando mi tío en Suiza le regaló una notebook a mi mamá lo hizo con esa razón.

Sinceramente mi madre estaba más conectada con mi tío en la época que este le enviaba una vez al mes o cada tanto un VHS con una grabación de el contándole lo que había pasado en su vida, allá lejos. O cuando le escribía una carta.

OK. Los tiempos cambiaron. Pero eso significa que debemos aceptarlos así como así?

Me gustaría cambiar algunas cosas, al menos en mi vida. El otro día, en esa visita a mi familia me paso algo interesante, y sucedió en uno de los momentos sagrados para mi: en los mates de la tardecita con mi Mamá. En un momento era todo silencio. E hice el amague de agarrar mi iPhone y fijarme que pasaba en Facebook. ¿Qué estas haciendo? pensé al instante. Y una ola de pensamientos recorrieron mi cabeza: no sabía de que hablar, mi madre no decía nada, y me sentía incómodo. ¿Era la solución una Red social a mi vacío ocasional? No.

Me obligue a decir algo, lo que fuera. A hacer una preguntas charlar sobre algo. Si tengo tantas cosas en la cabeza, porque no sacarlas con sonido?

Y así vencí ese momento.

Pero ahora estoy solo. Pero acompañado hermosamente por mi. Y lo digo de verdad. Lo disfruto, como pocas cosas en la vida. Escribo, pienso, me replanteo cosas, me permito equivocarme y sentirme feliz con cosas que creo son un acierto. Y estoy conectado a la vez, pero no dependiendo de esa conexión.

Fui feliz cuando se cortó la luz en mi casa. Me permitió salir y ver gente. Escucharlos o observarlos y tomarme un tiempo para escribir esto que hace tiempo tenía en mente. Y sigo viendo y observando como se esquivan las miradas en las mesas de dos. Como los silencios ganan a las charlas. Y me sonrío cuando veo a dos, o tres en charlas animadas.

Y curiosamente busco con mi mirada donde tienen los celulares, porque no los están usando, y es ahí en que caigo que no son todos los que desean estar solos en compañía, hay mucha gente que quiere compartir su soledad en compañía. Suena raro no?

Para cerrar, el otro día un contacto en Facebook, luego de una pregunta técnica que necesitaba hacerle me dice que no podía pensar mucho porque estaba “hecho mierda”, se había separado y no podía pensar en nada y a la vez se le explotaba la cabeza. Mi respuesta fue: tomate un tiempo para vos y en silencio, desaparece de las redes por unos días, va a ser duro pero senador…. Y me quede pensando en cuanto él necesitaba hablar de eso y de lo que le pasaba con alguien. Sea con quien sea. Pero menos con él mismo. Y sentí como eso se relacionaba perfectamente con todo lo que escribí arriba: tenemos miedo a estar con nosotros y nuestras cabezas y preferimos actualizar permanentemente nuestros estados con la esperanza de ser oídos y escuchados. Y nos mentimos en cuanto a las soluciones.

Pero para eso, primero debemos hacer algunos sacrificios porque lo que podemos perder puede ser mucho más importante que lo que ganamos con cientos de amigos virtuales.

Supongo que el tema es el equilibrio después de todo y confiar un poco más en nosotros mismos. Supongo. Voy a preguntar eso en Twitter.

30 Cosas, te pido la 31: Don Pedro Zoilo

Personal

¿Cual sería tu mayor pérdida?

 

A horas de viajar a una Boda a una Provincia que no conozco, a un lugar con costumbres que me son nuevas, con personas que serán nuevas para mí recordé la historia del Lunes pasado. Un día de esos que no querés que sean comienzo de semana, un calor insoportable, de esos que no se soportan en ningún lado. O quizás sí, debajo del agua en algún río cordobés.

Decidí ir al centro de la ciudad a comprar algunas cosas que necesitaba. Me caminé todo el sector central en busca de una funda sin suerte. Mientras recorría calles llenas de gente, el sol de las 12 del mediodía estaba en su apogeo y pegaba demasiado fuerte sobre todo lo que tocaba. Yendo por 27 de Abril hacia Velez Sarsfield, pensé que mi mejor opción era llegarme hasta el Patio Olmos Shopping, conseguir la funda que necesitaba y de paso almorzar algo en un lugar fresco.

Pero a veces el Destino te hace caminar por un lugar para llegar a otro que es muy diferente al que tenías planeado. La pregunta sería: ¿estoy dispuesto a dejarme llevar?

A metros de llegar a la esquina de V. Sarsfield, veo a un hombre  no vidente que con su bastón de madera blanco algo despintado iba dando pequeños golpecitos al suelo. Con miedo. Pensé que seguramente se acababa de bajar de un colectivo y no sabía hacia donde ir o que estaba algo desorientado. Me acerqué y le pregunté hacia donde iba y traté de dirigirle el cuerpo en la dirección que necesitaba.

De donde estaba parado hacia donde debía o quería ir le restaban 3 cuadras de calor infernal. Mi cabeza en ese momento pensó: la funda. A la vez pensaba: “Necesita ayuda”. “La Funda”. “Nah, Debo ayudarlo”. “La Funda, que calor la conch…” “Pobre Hombre”, “Má sí, lo acompaño, no tengo nada que hacer.” Así que le pregunté hacia donde iba nuevamente y le pedí permiso de acompañarlo. Maldita idea mía me dije en un momento. El sol pegaba a 40º sobre nosotros y este buen señor caminaba al paso de un bebé. Y yo cero paciencia. EN un momento me reí para mí mismo y me dije: “Ok, por algo está acá, a trabajar ese “Caballito loco” que tenés adentro y caminá a su paso.

La gente pasaba rápido, la calle llena, las paradas de colectivos atestadas, el calor, el humo, el ruido de los autos y líneas de transporte. Todo. Un perro tirado ahí. Otro perro desparramado en el único pedazo de sombra. Y la charla obligada.

– ¿Como se llama Usted?

– Pedro Zoilo.

– ¿ Y a aqué va al Hipotecario?

– Y a ver si me dan un Crédito… yo soy Jubilado.. bah Pensionado y quiero ver si me dan un Crédito para ampliar y hacer una piecita… algo…

Y así seguimos caminando bajo el sol de Córdoba y la gente que nos cruzaba y ni se percataba de nosotros dos que íbamos abrazados a paso de bebé. Bien peinado, una camisa impecable y el pantalón planchado pensé en la prolijidad de los mayores, de la dignidad del pobre o del humilde que creció en la Cultura del trabajo y el respeto. Recordé lo que mi mamá decía cuando éramos chicos: “uno puede vivir en un rancho con piso de tierra, pero limpio” Seguimos caminando y yo poniendo todo de mí para manejar mis ganas de preguntarle si podía caminar más rápido y que no tenga miedo que yo iba con él y no se iba a chocar con nadie ni con nada. No fué necesario preguntarle porque a los minutos me contó que tenía un problema en los riñones por lo que supuse que su velocidad era en parte por ese motivo. Y la edad.

Con 74 años no debe ser fácil caminar sin poder ver por una ciudad que no te registra. A la que no le importás.

Mientras caminábamos y me iba contando cosas de su vida  aveces mi cabeza se iba y pensaba en otras cosas: ¿como será ser ciego? ¿podría yo ser ciego? Sí de una y no me chocaría con nada. Minga. Y pensaba en todo eso que se me iba cruzando y seguíamos charlando. Así que me puse a describirle lo que veía y que él ya no. A la izquierda hay un vendedro de praliné, se podría haber elegido otra cosa para vender hoy no? Y Pedro se reía a carcajadas. Y sí – respondió – encima praliné! Claro! con helados se hacía rico hoy, agregaba yo. “estamos legando a las escaleras de la Catedral. Que calor! Estamos llegando a la plaza, hay mucha gente en las colas, de colectivo. Pero en la sombra. Y así le iba describiendo cosas que yo veía.

Llegamos al Hipotecario, y entré con él decidido a ayudarlo. Sin suerte. Para alguien de 74 con una Pensión por invalidez y un sueldo de $1300 obtener un Crédito o Préstamo personal es imposible. Me contó que le habían robado todo en Cosquín, que estaba parando en la casa de su primo que hace pan casero y vende en el barrio y que le gustaría ayudarlo haciendo algo en la casa para estar más cómodo. Salimos sin suerte y mientras decía que es una pena que en este País donde uno estira la mano y saca una fruta o sale a cazar al campo no se ayude a los que menos tienen, la remató diciendo: “La Vida es buena. Sólo hay hombres que quieren que  la vivas mal.” Y pensé: “que gloriosa esta persona, sigue adelante, no se cae, y pesar de todo puede reconocer lo bueno que hay por delante.” ¿Podría yo tener la misma fortaleza? Confiaría en un extraño que me toma del brazo sin poder ver a sus ojos?

Nos fuimos al Banco Nación. Subimos escaleras. Bajamos otras. Sin suerte. Decidí que ese Banco no era un lugar para él y me fuí yo personalmente a averiguar los trámites que necesitaba hacer para cambiar el cobro de su Jubilación de Cosquín a Córdoba. No se podía. ¿Como se lo digo? Pedro vive en Arguello, llegar a Cosquín es todo un trastorno, cobrar su Pensión en Córdoba sería lo optimo… pero sin embargo no se puede. Aparte de ser testigo de las caras de molestia de algunos Empleados por las consultas, de hacer muecas de “que pesado!” o de responder con frases  como “no te puedo ayudar porque llegan muchos mails todo el tiempo y me tendría que poner a leerlos…” En fin, no voy a dar opinión sobre las acciones de las personas.

Cuando tomé el coraje de decirle a Pedro que no podía cambiar el lugar donde cobrar la Pensión, y darle la mayor esperanza que seguramente más adelante iba a poder hacerlo, me dió las gracias y me dijo: “yo se que Usted hizo 30 cosas por mí hoy, le puedo pedir que haga la número 31?”

La Nº 31 era comer. Me pidió que le compre algo para comer. Y me reí cuando me respondió que a él le gustaría un Guiso. “Nos van a echar de todos lados si pedimos un Guiso un día como hoy!!!” le dije y se rió. Era el tipo de comida que estaba acostumbrado a comer: Guisos, Estofados, Fideos. EL arroz no era su favorito, pero los fideos esos medios larguitos y anchos, los Mostacholes, esos sí.

Recordé que a la vuelta del Banco Nación había un Bar. Y hacia allá emprendimos el viaje. AL dar la vuelta le describí los enormes 4 Jacarandás que había y que daban una sombra bendita a ese día infernal. Ahhh jacarandás, dijo como recordando sus hojas y sus flores. Abajo los perros descansaban y una fila de personas esperaban entrar a retirar dinero de los cajeros. Llegamos al Bar, y el aire acondicionado nos despabiló. Se acercó la Moza y le pregunté si había lagún Menú disponible: Pollo con Hojas Verdes.

Que serían las Hojas Verdes? fué mi pregunta ante la cara de Pedro que jamas debe haber escuchado tal referencia a la lechuga.

– Esteeeem… lechuga y…. (silencio y mi mirada fija) ay no me acuerdo.

– Sabes qué, traeme una buena milanesa con puré.

– Y vino. Agregó Don Pedro.

Así que al rato teníamos un Vino blanco bien frío y una coca helada en la mesa. Y el pan. Y la charla.

Me contó de su vida. Que fué Carnicero. Que se casó una vez, que después se caso otra vez. Que tenía un hijo que vive en la Rioja. Y que tenia otra hija que crió de chiquita,que entraba en una caja de zapatos, y que cuando se enteró que era adoptada les pegó una patada en la cabeza. No los habló más. A María Soledad, se la habían entregado de bebé las Monjas de Villa María, en la época de los Militares al parecer. En ese momento pensé que podía ser algo muy importante y que eso estaba mal… y automáticamente pensé: ¿quien soy yo para juzgar a esta persona? Solo me dediqué  a escucharlo y a entender un poco más. Para algunos quizás esto sería un detalle mayor en toda la historia de una persona y se podría juzgar a alguien y ejercer un veredicto sobre él y su familia y sobre todo un momento histórico del país, pero yo no soy periodista, no puedo juzgar, no quiero hacerlo porque siempre dije que es muy fácil criticar y decir que uno actuaría de otra manera estando en la misma situación ajena.

Así que luego de que me mostrara una pequeña libretita casera con anotaciones de teléfono utiles le pregunté si podía tomarle una Foto. Y me dijo que sí, pero me preguntó para qué. Y ésta es la razón. Para hablar de esto. De él. De las personas que todos  los días nos cruzamos y ni siquiera vemos.

Comimos, nos reímos, me preguntó de mí, se tomó el vino. Me contó de sus 3 días de diálisis que hace en el Hospital Rawson, de su enfermedad en los riñones. De todo. Le corté la comida, le dirigí el tenedor, lo observé comer, errarle al bocado, y volver a intentarlo. Le conté de algunas noticias que pasaban en el televisor. Y seguimos mirándonos. Yo viendo cada detalle. Él imaginándome. Pensé en muchos momentos: ¿donde estaría justo ahora si no estaría con Pedro? Y me respondía internamente con una enorme sonrisa que mi día no podría ser mejor. Estaba con alguien que era nuevo para mí, con toda una Historia de fondo yq eu mi deseo de una funda no superaba en absoluto toda esta experiencia. Me había hecho caminar más despacio, escucharlo, acompañarlo. Ser su amigo. Y recordé las palabras de un famoso Médico que se dedica a ayudar a niños desnutridos en Mendoza y en todo el país: “Los pobres no son pobres porque no tienen bienes materiales, muchas veces son pobres porque no tienen con quien hablar.”

Ese día los dos fuimos ricos. Pedro y yo.

EL calor nos golpeó y el infierno nos dió la bienvenida según palabras de Pedro. hacia la parada del N1 fuimos. Y ahí esperamos. A minutos de llegar el colectivo, giro y veo un adolescente no vidente que trataba de acercarse a alguen lugar imaginario. Le pido permiso a Pedro y le pregunto al chico: “Necesitás ayuda?” ,”Sí, quiero ir a la parada del N1″

Dos personas que no veían viajaron en el mismo lugar. Miles, cientos de personas que veían todo el tiempo no vieron nada más. Allá fué Pedro con su Esperanza. Le dí la mano al subir, lo saludé por la ventanilla y le pedí que se cuide y que todo iba a salir bien. Ojalá me dije por dentro. Alguien debe haber que lo ayude en su trámite.

Ufff que calor! Y me fuí caminando sonriendo.

“La Vida es Buena” y otras tantas cosas que me dijo personalmente. Yo también creo en todo eso Pedro, porque me ha pasado a mí también. Todos los días se nos cruzan personas extrañas en el camino. Todos los días y a cada momento. Sólo hay que saber mirar y  no tener miedo de pedir por un Favor más.

Fotos con Vida. Lo invisible que se revela.

Personal, Sociedad, Tecnologia

Ayer me visitó una Colega y Amiga. Alegría. El recibir a alguien que uno quiere mucho en su propio espacio es dejar entrar toda esa Energía y que se mezcle con la de uno y todo se potencie. Todo se mezcla y el ambiente cobra otro color y sentido.

Después de haber compartido una Boda hace una semana atrás, nos pusimos a charlar sobre diferentes cosas y de cómo sentimos algunas otras. De cómo nos vemos, que nos moviliza y que hace que nos manejemos de cierta manera diferentes a otras. Ni mejor ni peor: diferentes.

De camino hacia el centro en un mediodía muy caluroso compartimos algunas ideas, y sin querer los dos coincidimos en la importancia de involucrarse en el proceso de la captura de un momento. Y no hablamos del compromiso Profesional, sino más bien Personal. De ése compromiso que te hace tener ganas de hacer lo que vas a hacer, sentirlo y vivirlo.

Y yo le decía que hay mucho de Ego en todo esto. En todo lo que hacemos como Fotógrafos. Y que debemos tener cuidado con eso. Nuestro Ego nos puede jugar una mala pasada al pensar que lo que hacemos es gracias sólo a nosotros. Para mí (y para ella también) una Fotografía es el resultado de una comunicación invisible entre dos partes: de que quien presiona el obturador y quien está delante de él. Consciente o inconsciente de eso, una Energía invisible fluye y es lo que se impregna en la Foto.

Se podrán decir miles de cosas, que físicamente es imposible, que no existe tal “Energía”, que bla, que bli, etc se podrá discutir sobre ésto, pero yo estoy convencido que es así: hay “algo” que une a quien mira detrás del visor y quien está delante de la cámara. Y cuando ése “algo” está en sintonía entre las dos partes se obtiene lo que vemos en una Foto que nos hace sentirla.

La Foto al fin, tiene Vida.

Y debemos ser cuidadosos de pensar que el resultado es sólo gracias a nosotros como Fotógrafos. El resultado es gracias a las dos partes involucradas. Nuestro Ego puede jugarnos una mala pasada al hacernos creer que somos los artífices de ese momento. Y nos puede hacer sentir más grande de lo que realidad somos.

Cuando un Cliente, un visitante, un simple curioso pasa y vé nuestras fotos y dice “que buena foto” generalmente tendemos a creer que sólo lo dice por la toma en sí, por la captura. ¿Y los personajes en ella? ¿Acaso no son protagonistas? Yo creo que sí. Lo que ellos envían, lo que piensan en ese momento, lo que sus cuerpos, miradas y sensaciones sientes y comunican llegan a la cámara: y se reflejan en la foto.

Dar el Crédito a quienes del otro lado nos envían esa Energía, para impregnar esa Vida en nuestras Fotos es algo que deberíamos ser conscientes en cada captura que realizamos.

Así lo siento yo. Así lo vivo.

Cómo saberlo?

Personal

No habría forma en ese momento. Por alguna razón quise escuchar el CD de Enya. Tan viejo… lo tengo conmigo desde el año 94. Y comencé a escucharlo mientras editaba fotos y  de pronto todos los recuerdos comenzaron a aparecer: el departamento de la casa Fructuoso Rivera, el olor de la habitación, mi cama por ese entonces, las cosas de mi compañero de cuarto, el techo que cambiaba de forma constante de acuerdo a los pensamientos que tenía en esos momentos. Tanto pasó. Y la música.

De pronto se me nublan los ojos de Nostalgia. No podría haber sabido en ese entonces todas las cosas que iba a terminar sorteando, las que iba a terminar aceptando, las que hice mal, las cosas que no debería haber hecho, las que debería haber realizado… nada se puede cambiar ahora, y tampoco quiero, todas me dejaron acá. Puedo sentir esta canción sonando una y otra vez en el equipo de Música Aiwa de Miguel. Puedo sentir como mi cuerpo se relajaba, para dormir, para soñar. Para viajar. Puedo soñar de nuevo.

Como saber donde me llevará esto que escribo hoy? No quiero saberlo. Ahora ya quiero relajarme. Por muchos años busqué respuestas y hace un tiempo ya las encontré: aceptar mi hoy es la fórmula de que mis ojos se llenen de Nostalgia y que me alegre y emocione por estar acá hoy con vida. Todavía.

Quisiera tener a Carlos acá. Ahora. Hablar con él de esto que estoy  sintiendo. De porqué no me voy a cansar de agradecer todo lo que he vivido. De perdonarme una y otra vez por errores y abrazar este presente sagrado que tengo hoy. Necesitaba escribirlo porque era tan grande  la necesidad de exteriorizar esto que ya no iba a poder contenerlo adentro: lágrimas, ganas de reír, ganas de gritar, ganas de bailar, y más lágrimas. De gratitud.

Estoy vivo. Esta música me hizo volver a despertar cada célula que tenía dormida desde el año 94. Cada célula que detuve, que puse a dormir, se despertó recién.

Me siento mejor ahora, el dolor en la garganta de la contención se fué. Sigue sonando Enya y misteriosamente canta sobre dejar un lugar, extrañar, y lo único que queda siempre: esperar que todo termine para volver.

 

Actualización: curiosamente, media hora después de haber escrito esto, y sientiéndome como me sentía, recibí éste mail de Yehuda Berg:

Algunas veces olvidamos apreciar las cosas simples de la vida. La experiencia de cantar, reír o bailar con júbilo; de estar enamorado, de conectar o compartir con otros; de tener inspiración, un sentido de productividad, expansión; la emoción que sentimos cuando tocamos o escuchamos una música hermosa, cuando vemos una obra de arte, todo esto ejemplifica a la Luz.

La gratitud evita que pensemos que las bendiciones en nuestra vida están garantizadas y evita que caigamos en un estado de reactividad pasiva.

¿Dónde están las bendiciones en tu vida? ¿Dónde experimentas Luz?

La apreciación no sólo nos conecta con la realización. ¡La apreciación es realización!

Buscando la Felicidad

Personal

Las personas emprenden viajes todos el tiempo. Todos buscan la Felicidad, el Amor. El Destino. No hay un sólo camino que lleve a cualquiera de ellos sin lágrimas, sin algún tipo de dolor o sufrimiento.

No hay ningún camino, en el cual no sacrifiquemos algo. No perdamos algo.Pero lo bueno de todos los viajes, es que uno nunca sabe donde nos llevan. Y siempre traen cosas más buenas. Me gusta creer en eso.

Hoy, después de un par de semanas, se acaba de ir Oscar de casa. Llegó como llegan muchos visitantes que se transforman en amigos luego. Desde USA hasta Córdoba. Buscando, quien sabe qué. Oscar amó. Como aman todas las personas: con pasión. Creyó, como se cree cuando se ama. Y sufrió la despedida de ése amor. Oscar vino a Córdoba, a Argentina en realidad, quizás persiguiendo la remota posibilidad de que aquel amor que lo amó, lo vuelva a querer. O quizás a cerrar esa historia, en persona. Ahí, frente a frente.

Mientras le decía unas palabras de despedida, mientras lo abrazaba fuerte y contenía su llanto, no pude identificarme con el sentimiento que tienen los padres para con sus hijos cuando los ven sufrir por amor: uno no desea que sientan ese dolor. Pero deben hacerlo para poder sentir más a futuro. Porque uno sabe que todo pasa. Y que siempre algo mejor espera. Pero se hace difícil explicarle a alguien que está sintiendo ese dolor intenso adentro, esa angustia, esas ganas de explotar en llantos, esos miedos a lo desconocido, el vacío, la soledad, el miedo de nuevo y las ganas de ser sólo contenido que todo va a pasar.

Yo me alegro de ése dolor. No por el disfrute del dolor, sino por el resultado que traerá más adelante. Estoy seguro que ese dolor sanará y todo se verá más claro en un futuro.

Todos buscamos la felicidad. Muchos hemos sufrido alguna vez. Muchos hemos llorado y nos hemos quedado sin aire por gritar de dolor. Nada dura para siempre, y es algo que se aprende con los años, pero sufrir una pérdida es algo que lleva tiempo de resolver muchas veces; sobretodo cuando esas cosas son importantes para nosotros ya sea un trabajo, un amigo, una pareja. Un Amor.

En todos los viajes que emprendemos nos acompañan nuestros pensamientos y anhelos. Nuestros deseos de hallar la Felicidad. De la forma que sea y como sea. Pero siempre nos acompañarán las lágrimas.

Por increíble y paradójico que suene, son ellas las que nos limpian la vista para ver todo más claro y  luminoso.

Buen viaje!

“Si escapo, nunca tendré la fuerza para llegar muy lejos…” Madonna, Live to Tell – Vivir para Contar

Sobre Mí y la Fotografía de Bodas en Córdoba

Personal

Voy a “pegar” lo que escribí en mi nueva página de Fotografía de Bodas sobre el cómo me siento respecto a eso y quien soy yo haciendo fotos.

Me tomó años hacerle frente a la necesidad y tratar de contar historias y expresarme a través de las imágenes. Desde chico el dibujo y la expresión a través de las imágenes fué una manera de tocar emociones. Pasé por muchísimos trabajos y actividades tratando de conocerme y saber hacia donde quería ir.

Escribí por años en un blog para conocerme más, tomé fotos de todo lo que me rodeaba con cámaras prestadas y básicas que podía comprarme. Me inundé de historias de la gente que me rodeaba. Y comencé a darme cuenta que todas las historias, se pueden mostrar y que todas parten de un mismo lugar: el amor. Las emociones, las miradas, los pensamientos se pueden capturar.

Y es por eso que descubrí porqué me gusta hacer fotos de Bodas y Eventos sociales. Son Historias. Muchas, en un mismo lugar. Todo parece que va a ser igual a otras tantas, pero nunca lo son porque las personas son diferentes, únicas en todo sentido y eso es lo hermoso de todo eso. Cada Boda es completamente diferente y cada pareja y los personajes que la rodean añaden algo nuevo a ese momento especial. Por eso me encanta estar ahí, de lejos, cerca, encima, espiando y observando cada momento. No me gustan mucho las poses y decirle a la gente lo que tienen que hacer: las personas son hermosas de por sí y las sonrisas naturales con miradas honestas son el mejor regalo que nos pueden hacer a aquellos que estamos detrás de una cámara. Por eso voy en camino de un estilo “reportaje-fotoperiodismo” en una Boda, donde dejo que las cosas ocurran y pueda estar ahí para capturarlos.

He tenido el placer de conocer a personas increíbles, ni Reyes, ni Presidentes, ni grandes personalidades, sino Personas reales con historias hermosas para compartir. Personas que abren su corazón para mi cámara y yo. A través de sus ojos, me emociono, me río, me divierto, lloro. Soy un Bendecido de estar haciendo esto que me gusta y llena el Alma, y toda mi energía va en cada una de mis fotos y los mejores deseos de felicidad van con ellas. Es imposible no comprometerme así!!! Creo en el Amor, que todo lo supera, que hay Crisis, que hay Ternura, que hay Pasión y que hay gente que hace que este mundo sea hermoso: lleno de risas, de miradas, de gestos y compromiso.

Las Bodas son el resumen de todo eso para mí. Todo llega ese día como una tremenda avalancha de emociones: nervios, ansiedad, alegría, emoción, algunas lágrimas, maquillaje corrido – y porqué no algo de alcohol! Nada es más lindo que ser testigo de todo eso y mi piel se eriza cada vez que recibo algún comentario del tipo: “Cuando sucedió eso?! Mis Padres siempre se miran así!”. Es en esos momentos cuando todo toma sentido. Siento que yo también los conozco.

Mis padres aún están juntos y son un ejemplo a seguir de superación, tengo una hermana hermosa que está casada y ama su esposo y él la ama por igual. Una pareja que todos los días me dice “Te Amo” antes de irse a dormir, y no deseo menos que eso a todos a quienes he tenido el placer de fotografíar y a los que están llegando a este sitio. El Amor nos eleva, sólo resta buscar captar ese momento exacto!!

Las Relaciones, Las Responsabilidades, Lo que hacemos Mal y lo que nos gusta.

Personal

Hace un tiempito le decía a Carlos, mientras caminábamos por la calle, lo mucho que extrañaba escribir en este blog. Y  me preguntaba que cuales era las razones de no hacerlo. Ni yo las sabía: la vida acelerada (siempre metemos esa excusa) el poco tiempo, el esto, el aquello y entre eso le decía que desde que lo tengo ya hace varios años, este blog fué para mi punto de descarga donde podía decir lo que sentía y pensaba desde lo más profundo de mi ser, sin filtros, sin interrupciones… un manojo, una chorrada de pensamientos que podrían quizás cambiar con e l tiempo pero que en los mejores casos y cuando mi cabeza estaba confundida con algo, el sólo hecho de escribirlo, ya lo resolvía. Como los problemas, como lo que molesta! Cuando uno los dice, ya perdieron el peso, la importancia y no es tan grave como sonaban unos segundos antes sin decirlos.

Ayer fué sábado. Un día que comenzó muy temprano porque junto a una amiga y colega teníamos que ir a hacer fotos de una campaña de moda. Yo iba como “backstage”. El fotógrafo que registra todo, desde atrás, el que vé otras cosas y registra lo importante pero desde otro lugar. Para  mí era una oportunidad única porque nunca había hecho moda, no había estado hasta ese entonces en un Estudio de Fotografía y además porque mi amiga y colega me había considerado para eso: compartir un momento profesional, pero donde la teníamos que pasar genial. Para mí, una tremenda Repsonsabilidad. EL día comenzó temprano… y sin las llaves para salir del departamento. ¡No puede estar pasando esto! Me dije. Busqué, busqué, levanté almohadones, habrí el freezer, revolví la basura, revisé en el lavarropas, volví a abrir la heladera, nada. Las llaves no estaban. Salí al pasillo, me fijé en la puerta, miré  y re-miré por las dudas. El solo hecho de estar tan concentrado en ver algo, podía hacer que no lo viera ante mis ojos. Nada. Las llaves no estaban y los minutos pasaban y yo ya debería haber estado en la calle rumbo al estudio fotográfico para la sesión.

Ok. Calma. Enfrentemos la situación. Teléfono. Llamé a mi amiga y puse la mejor voz que no dejara notar mi preocupación (no quería trasladar mi estado a otra persona que tenía aún más responsabilidades que yo). Luego del buen día le dije: sabes que, no encuentro las llaves! – mientras revolvía ropa sucia para lavar – y me responde: yo también perdí las mías ayer! … locura total. Ok, llegaría unos minutos más tarde, decidí dejar el departamento sin llave, salir del edificio y tomar el primer taxi que pasara. Llegué al Estudio al mismo tiempo que llegaba ella en su auto. Mientras abría su puerta para bajar, la saludo, nos damos el beso de los buenos días y le digo: “Ok ahora no pierdas estas llaves tampoco”; al tiempo que agarraba del techo del auto un llavero con una cadenita colgando y se la doy. El grito y la risa fué simultáneo: “Son mis llaves! las que perdí ayer!!”  Había venido todo el camino, desde su casa, bastante lejos hasta el Estudio con las llaves en el techo del auto. ¿Increíble? Loco diría. Yo pensando que ella albajar del auto, había dejado las llaves ahí en el techo que luego usaría para cerrar el vehículo o lo que sea… No: eran las llaves que había perdido.

Las llaves son para mí gran cosa. He hablado más de una vez de eso en este blog: no tener llaves para mí es no tener hogar. No tener un lugar que sea “tuyo”. Estar sin nada, y estar perdido. He ido cambiando algo en los años y creo que ya no es tan grave como lo vivía años atrás, quizás por esta sensación de estabilidad interior que tengo pero durante la sesión no podía dejar de pensar en muchos momentos en “las llaves”.

La sesión fué fantástica, poco a poco nos fuimos conociendo, llegó la modelo, las fotos comenzaron y los nervios de los 5 minutos antes de salir de casa habían desaparecido y habían sido reemplazados por la adrenalina de hacer fotos y observar todo. La dueña de la Marca resultó una vieja conocida mía. Compartimos el mismo trabajo allá por el año 97 por 2 años hasta que yo me fuí del a empresa, y hace unos meses atrás, me la encuentré de casualidad en una cliente mía. Sorpresa la mía y alegría. Me gusta cruzarme con gente que conocí en algún momento y que aporta algo nuevo y fresco al presente. Todavía más cómodo en la sesión, hicimos lo que tuvimos que hacer. Hasta el moco que me mandé sin querer.

Caro, esta vieja compañera y dueña de la marca a la cual le estábamos haciendo la sesión e fotos, me consultó sobre la impresión en telas, y cosas así – ella sabía de antes que me dedicaba a eso también ya que lo habíamos hablado en la cliente donde nos reencontramos luego de más de 10 años – nos pusimos a charlar, traté de darle cierta información y algunos datos quedaron en el aire hasta tanto averiguara algunas cosas. Al terminar esta charla, se acerca mi amiga y colega y me dice: “Lo que acabas de hacer está muy mal, y te lo digo porque soy yo, porque si lo haces con otro fotógrafo….” creo que en ese momento dejé de escuchar porque el nudo que se me hizo en el estómago fué muy grande.

Diosh! que moco me mandé ahora!?! Traté de volver mi sentido auditivo a lo que me estaba diciendo y traté de explicar que jamás trataría de pasar por arriba de ella, y que simplemente era algo que… y que… ya era tarde. El tema estaba claro. Y yo me había equivocado. Por tonto. Por inmaduro o por falto de experiencia. Y las ganas de llorar me inundaron, el dolor en el estómago se hizo peor, y ya todo se tornó oscuro. No podía haber hecho eso, yo no soy así, no puede estar pasando esto, le estoy fallando, me estoy hundiendo, ahora lo sabrá todo el mundo, nunca más me pedirá que trabaje con ella, que estúpido que soy. Pensé y repensé mil veces. Fuí, volví al presente y volví al pasado en 5 minutos. Repasé todo lo que pasó, lo que dijimos, lo que dije, lo que me preguntó Caro, lo que respondí, lo que se pudo haber interpretado. Traté de calmarme pero era tarde. No entendía, no encontraba el punto donde me había equivocado pero la sensación de haber generado un problema era mayor por lo tanto algo debía haber hecho mal! Mi cuerpo me lo decía! Que hice mal? Ok, ofrecí un servicio a un Cliente de MI colega y amiga frente a ella. Ok. Si. Moquero. ¡De pelotudo! No se me cruzó por la cabeza pensar que estaría mal. Ya le había dicho a mi amiga que conocía a Caro de años. Igual ya estaba hecho…

Faltaba poco para terminar, creo que mi cambio de humor y estado se notó porque la Productora me dijo: “Lisandro, que callado que estas…” Yo respondí: “Nah,solo estoy preocupado o pensando en que todo salga bien. Las fotos, todo”. ¡Mentiras! Pensé en pedir disculpas publicas frente a todos por lo que había hecho! No sabía como resolver lo que había hecho!! Y pensé: “Estúpido! Si ellos quizás ni siquiera están al tanto de lo que pasó! Otra vez vas a pasar por arriba de tu amiga!! Así que desistí de esa idea. No me animaba a mirar a mi amiga, estaba mal, avergonzado de que pensara algo que no era, que se haga una imagen de mí que no reflejaba ni mi forma de actuar ni mi forma de ser.

Cuando el dolor en el estómago no me permitió comer más de 1 empanada, salí del estudio, agarré mi teléfono y le escribí un mail pidiéndole disculpas, y que me permitiera corregir lo que había hecho. Que no había mala intención de mi parte.

Ahí entendí lo feo que es lastimar a alguien que nos importa.

Me fuí, tomé un taxi. Todo había sido un éxito, todo había salido de maravillas y yo lo había arruinado. Todo lo que debería terminar en alegría y risas, y éxitos, había sido arruinado por mí. Por tonto. Por inocente.

Llamé a Carlos, le expliqué lo que había pasado y escuché su risa del otro lado del teléfono. Y como minimizó todo lo grave que yo veía en una frase tan sencilla como: “Chanchito moquero” llamala y explicale de nuevo. Y fué en ese momento, justo ahí que recordé que yo no había ido a hablar con Caro, que ella vino a mí y me consultó sobre la impresión de telas y otros servicios… y me sentí algo mejor… yo no había dado el primer paso sólo me limité a responder lo que ella me consultaba. Igual, había estado mal. Y me juré nunca más hablar de otra cosa que no sea lo que nos competía en el momento. Me sentía algo mejor, pero seguía  mal.

Llegué a casa, y recibí un mensaje de mi amiga que decía: “Gracias groso!!! Por fortuna sabés que no me callo lo que me molesta y siempre voy a serte franca, es mi mejor manera de respetarte! Te quiero mucho!!!!”

Y pude decirle que fué Caro la que en primera instancia y bla bla bla… y todo esta introducción viene a colación de las Responsabilidades que tomamos y cómo las tomamos. ¿Como algo más en nuestras vidas o como algo importante? ¿Que hacemos con ellas? ¿Que tan importante son esas Responsabilidades y las Relaciones que se generan a través de ellas?

Para mí este momento de mi vida es muy importante. Demasiado. Es la base de lo podría venir, y comenzar mal con las bases sería un tropiezo universal en mi vida. Y no es algo que quiera. Me llevó muchos años (36) para darme cuenta de esto y meter la pata, es un verdadero dolor de huevos. Y quiero hacer las cosas bien. Ya  me he equivocado muchas veces, he pedido perdón, no le he dado importancia, he dado importancia a otras cosas que no lo valían, pero ahora es todo distinto.

Lo que pasó ayer fué para mi una muestra de la importancia que le estoy dando a cosas “realmente” importantes como las relaciones humanas y las responsabilidades. Todavía me falta un montón. Quizás quienes lean esto además de mí, pretendan que cambie en dos minutos y sea una nueva persona ya mismo. Es imposible. Porque gracias al universo, necesitamos aprender. Y yo estoy en ese camino. Ayer aprendí una lección que me dolió mucho. En la vida tenemos maestros todo el tiempo: lo mejor es saber reconocerlos. Y darles el valor que realmente tienen.

Ya es domingo, suena al fondo una canción lenta y sufrida que si fuese ayer me encontraría llorando sobre mi teclado. Por el dolor. Hoy el dolor se fué, es un día lleno de sol y se que habrá oportunidad de mirar a los ojos a mi amiga y decirle: “He boluda, jamas te cagaría, jamas te haría mal”. Y sé que me creería. Ya tendré esa oportunidad. O de hacerlo con acciones quizás.

Ya es domingo, anoche pasé una linda velada con una pareja de amigos – Carlos y José – donde charlamos de la vida, de las acciones, de como nos manejamos, de las relaciones, de nuestros conocidos, de lo que disfrutamos y de lo que no queremos a nuestro alrededor. Y hoy al despertarme lo primero que leí fué algo que conectaba todo lo que había pasado este finde, era lo que le daba el broche final. Unas palabras de Mahatma Gandhi que compartoLe preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles son los factores que destruyen al ser humano. Él respondió así:
La Política sin principios, el Placer sin compromiso, la Riqueza sin trabajo, la Sabiduría sin carácter, los Negocios sin moral, la Ciencia sin humanidad y la Oración sin caridad.

La vida me ha enseñado que la gente es amable,
si yo soy amable;
que las personas están tristes,
si estoy triste;
que todos me quieren,
si yo los quiero;
que todos son malos,
si yo los odio;
que hay caras sonrientes,
si les sonrío;
que hay caras amargas,
si estoy amargado;
que el mundo está feliz,
si yo soy feliz;
que la gente se enoja,
si yo estoy enojado;
que las personas son agradecidas,
si yo soy agradecido.
La vida es como un espejo:
Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa.
La actitud que tome frente a la vida,
es la misma que la vida tomará ante mí.

“El que quiera ser amado, que ame”.
No compliques las cosas, es asi de simple:

Extrañas ? LLAMA !!
Quieres ver a alguien? INVITA !!
Quieres que te comprendan ? EXPLICA DE NUEVO !!
Tienes duda ? PREGUNTA !!
No te gusta algo? DESECHALO !!
Te gusta algo ? CUIDALO !!
Tienes metas ? Cumplelas!!

Estar VIVO no es lo mismo que vivir!
La vida no son años, la vida es conciencia y tu eres el lugar que Dios ha elegido para vivir
Eres su lugar preferido.

CON CARIÑO………
GHANDI……..Y YO.

Extrañar

Personal

Hacia mucho tiempo que no me sucedía lo que siento esta noche. Hace horas que me siento mal y que pienso que no tengo ganas de viajar, estar arriba de un colectivo y despertar al otro día en otra ciudad y con otra gente. No quería dejar mi casa. No quería separarme por unos días…

Me estoy endo por trabajo, a hacer algo que me encanta y ni siquiera eso me esta dando el empuje para viajar con ganas.

No quiero extrañar. Y quiero hacerlo. Han sido unos meses diferentes a años anteriores. Hemos compartido mas tiempo juntos y lo hemos disfrutado a pleno y pude imaginar como se sienten aquellos que viajan seguido por trabajo u obligaciones y dejan a su familia o seres queridos… A veces desearías solo quedarte acostado, abrazando a quien amas y no pensar en nada mas…

Extrañar.