Sonidos Reconfortantes

Personal

Mientras un perro deja su marca personal sobre la rueda izquierda delantera de un viejo polo gris en una estación de combustible llena de barro por la lluvia que durante la noche seguramente cayó, no puedo evitar sentir algo de angustia.

No por el perro. El perro ni se angustia por tener un colmillo fuera de su boca y de no gozar de la mejor estética como perro. A los perros eso no les importa. Son perros.

La angustia – si es que puedo llamarla de alguna manera, todavía está en proceso de identificación – es mía. La tengo adentro. Los días en que debo dejar mi pueblo (ni quiera puedo decir natal, porque no nací acá) van llegando a su fin. Grave problema es programar tu cabeza para algo. Grave problema que es para cabezas como las mía, y más para vidas como la mía. A estas alturas ya debería haber aprendido que de mucho no me sirve programar un paso a paso de las cosas que voy a hacer y como las voy a hacer: el Destino siempre se encarga de llevarme hacia donde quiere llevarme. Y ahí es donde entro en conflicto conmigo mismo hasta que me entrego y me resigno a la idea de que jamás me ha abandonado y que seguramente éstas son las mejores formas.

Nada es más frustrante que tirar de la enredadera en tus pies, en un bosque desconocido para tratar de escapar de todo lo que  nos asusta ahí. Aflojá Lisandro, aflojá. Es la única manera de poder seguir adelante y sacar tu pie de tal embrollo.

Quizás debería practicar algo de lo que predicás. Ok, no es tan fácil. A veces yo mismo me sorprendo de las palabras que salen de mi boca y de los pensamientos que llegan.  Y otras – las menos – me sorprendo de lo que puedo hacer sin siquiera emitir sonido. Esas son las menos, pero las más fructíferas.

Anoche mientras hablaba con mi mejor amiga recordaba las dos decisiones importantes que he tomado en mi vida. ¿Más de 40 años y sólo tan pocas? Sí. Son las que recuerdo como las decisiones bisagras. Una realmente lo fué y la segunda, el tiempo por delante dirá. Igual hoy por hoy siento que es la segunda más importante.

La primera fué haber renunciado a la agencia donde trabajaba hace ya varios años. Ahí, seguro, aburrido, vacío, solitario, y sintiéndome marchitar día tras día. Decidí avisar de mi partida 15 días antes de la fecha final. Los 15 días más eternos que recuerdo. Y los más felices. Sin dinero en el bolsillo y mucho menos en el banco, decidí hacerle frente a lo que podría venir. Y vino mucho. No hablo de lo económico – aunque no me faltó de comer – sino mucho de otras cosas.

La segunda decisión fué separarme de mi ultima pareja. Ok, no se detengan en el sujeto, sino en la decisión en sí. Con casi 9 años y planes por delante, dar este paso no fué fácil. Me costó mucho más que renunciar a un trabajo, pero en algo coinciden ambos: la seguridad. Espero que esta segunda elección también traiga cambios importantes a mi vida, en principio la tranquilidad mental de despertarme y no sentir un peso tremendo en mi espalda y el ruido constante de algo que debía hacer, y que aún no había hecho.

Uno no toma decisiones para sentirse mejor. Me dí cuenta de eso hace unos días.

Uno toma decisiones para dejar de sentirse mal. Que son dos cosas totalmente distintas y a la vez con… ¿mismos resultados? Eso, eso aún me lo sigo preguntando.

Uno decide dejar de sentirse mal. Es lo que lleva a preguntarse el porqué está parado donde está y de la forma en que lo hace. Es un cambio de palabras y orden de las mismas, pero con efectos totalmente distintos a mi ver.

Nada es fácil. Si fuese fácil no requeriría esfuerzo ni un cambio. En todo cambio de estado hay fricción. El decidir estar donde estamos es tan personal como decidir dejar de estarlo. Los tiempos en esos procesos ya son otra cosa… debemos ser pacientes con nosotros y escucharnos más internamente.

Los días se van terminando acá en el pueblo familiar. Por alguna razón el destino se encargó de que este último tiempo lo pase cerca de mi familia y que desde lejos pueda ver mejor ciertas situaciones. La distancia es sabia en muchos aspectos. Y la distancia no es sólo una medida entre objetos, también lo es de personas, de situaciones, de nuestro reflejo que quedó grabado en un tiempo que fue distante también. ¿Puedes verte allá lejos haciendo lo que hacías y como lo hacías? ¿Puedes reconocer los errores y las certezas?  ¿Que hiciste para dejar de sentirte mal? ¿Que estás haciendo ahora mismo?

Afuera sigue el perro del diente canino salido del lado derecho de su mandíbula. Acaba de mear la rueda trasera derecha de una auto que parece un Ford. Otro perro parece alegrase de verlo, al menos mueve su cola. Sigue nublado en el pueblo y suena “Comforting Sounds” (Sonidos reconfortantes) de Birdy. Tengo ganas de irme a caminar sólo por ahí, ya tengo ganas de emprender el Camino… escuchar mis pasos solitarios, ese sonido reconfortante de que estás de pie una vez más. De las piedras debajo de la suela de mi calzado, mirar lejos, sentir la brisa, la incomodidad, el miedo, la alegría, y la dicha de sentirme vivo de nuevo. Tengo ganas de llorar por momentos, siento que aún no hice el duelo de muchas cosas. Estuve demasiado en todo lo que debía hacer y en los tiempos que debía hacerlo. Quizás una vez más, deba confiar en el Destino que sabrá donde y cuando me descargue. Lo haré.

I don’t feel alright (no me siento bien)
In spite of these comforting sounds ( a pesar de los sonidos reconfortantes)
You make (que haces)
I don’t feel alright (no me siento bien)
Because you make promises (porque haces promesas)
That you break… (que rompes…)

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