Temporada de Tallarines
Hoy se inauguró oficialmente la temporada de pastas caseras en casa. Y no es que en el resto del año no se comen pastas. Los fideos o ñoquis nunca faltan en casa, pero estas vez se hace la inauguración de las pastas como debe ser: caseras.
Decidimos con mis primas y el gordo, hacer una buena tallarinada casera con la excusa de estrenar la “Pastalinda”, la máquina de amasar y cortar las pastas. Así que nos pusimos manos a la obra, con la masa y con el estofado, porque como es costumbre en nuestra familia, unos tallarines, ñoquis o ravioles sin estofado no se comen.
El estofado fué de pollo. Mi prima trajo alitas de pollo, compramos menudos y me puse a hacerlo. Me encanta hacer estofados. Me encanta. Me gusta cocinar cuando hay gente y toda la ceremonia de compartir y sentarse en la mesa.
Mientras se hacía el estofado – yo a las salsas las cocino muuuuucho tiempo – se pusieron a preparar la masa de los tallarines caseros. Nada complicado: harina, huevos, sal y agua. 8 Huevos para un kilo de harina y tuvimos bastantes tallarines. Los suficiente para comer 4 personas, porciones super abundantes, con un estofado espectacular de pollo que se desarmaba solo, y que sobrara bastante para comerlos recalentados. Los tallarines deben ser una de las pocas comidas que me gusta comer recalentadas.
Cuando era chico, mi mamá tenía un sartén negro de metal, no tenía ningún recubrimiento porque en esa epoca no existía el teflón. Así que recalentar los tallarines significaba que se te pegaran algunos a la base y luego los tenías que raspar con el tenedor para sacarlos. Esta era mi parte favorita. Lo escribo y me parece sentir el olor y la sensación auditiva, táctil y olfativa de toda esa experiencia. Debe ser por eso que me gusta comer tallarines recalentados. Lástima que ya no tengo ese sartén, pero tengo otro que lo dejo desde años bien chotito para estos propósitos.
Después nos sentamos a tomar un té, no hubo televisión prendida y eso estuvo bueno porque sólo la música acompañó el almuerzo y después miramos Slumndog Millonaire que había grabado y mi prima no había visto.
La tarde del domingo terminó con mate en la costanera y la vuelta a casa. Y necesitaba escribir esto y pensar si decido comer las empanadas de la Casa del Chamigo de anoche o recalentar los tallarines…


