The sweet hello, the sad goodbye

Personal

31 de diciembre de 2016. En la playa, solo. Decidí salir a caminar con un cielo nueblado y el ruido contante de las olas frente a mi.

No hay casi nadie. Estoy en San Alfonso Del Mar. cada tanto pasan dos gaviotas volando. Juntas.

Lloré. Lloré por sentirme egoísta de alguna manera. Lloré anoche mientras soñaba. Lloré hoy, último día del año. Lloré por algo que termina y por sentir que estaba lastimando a alguien a quien quiero, mucho; pero ya no de la misma forma que antes.

Me siento mal a ver a alguien sufrir. Yo también paso por eso pero no se porqué siento que estoy más preparado que otros para transitarlo. Evidentemente no.

Nos faltan 18 días para cumplir 9 años juntos. Hace unas semanas tomamos la decisión de terminar estar relación, al menos de la manera que la estamos atravesando. Este es nuestro ultimo viaje juntos aparentemente.

La tensión es evidente, sobretodo rodeados de amigos que no tienen idea de lo que está pasando, solo mi prima sabe de mi boca y prometió no comentar nada. Me pregunto si el resto no nota qué hay algo raro flotando en el aire. Muchas veces nos convencemos que actuamos naturalmente cuando en realidad pequeños gestos nos delatan.

Esos gestos faltantes serían en nuestro caso las pequeñas discusiones, mis órdenes, las palabras cariñosas y quizás algunas más. El compartir una cama sigue estando a la vista de todos. Mi abrazo antes de dormirme todas las noches siguió sólo que no siento nada más que un cariño enorme porque quien elegí por todos estos años. Del otro lado es muy diferente.

Los sentimientos de Carlos hacia mi siguen intactos a pesar de reconocer que no es bueno seguir de la manera que estamos hace tiempo. Intenté de todas maneras revertir lo que pasaba sin éxito alguno y decidí bajar los brazos. Simplemente me cansé.

De las discusiones. De decir A y que te respondan B. De los egoísmos. De los tiempos.

En todo este último tiempo donde tuve que meditar en lo que estaba pasando pase por todos los estados, las responsabilidades, el señalar con el dedo, el gritar, el enojarme, el llorar, el pedir disculpas, en corregir lo que molestaba, en reclamar y volver a reclamar. En recordar. En tirar en cara. En ignorar. En hacer de cuenta que ya no duelen ciertas cosas. En indiferencia. Hasta asumir un día que quizás la culpa de todo lo qué pasa es simplemente de uno: de lo que decide aceptar y lo que no.

Hasta que alguien me dijo que era una ecuación algo injusta: no podemos hacernos cargo de todo en un acto de auto flagelamiento para excusarnos de lo que está pasando y salir en papel de mártir. Nadie es mártir en una relación. Los dos son creadores de los resultados y cada uno debe hacerse cargo solo de lo que corresponde. Es una ley universal. No cargar con deudas pendientes de otros.

Pero de alguna manera me siento egoísta. No se bien porqué.

Éste es quizás mi acto egoísta del año: terminarlo. Decidir que es lo que quiero para más adelante. O lo que no quiero.

De alguna manera este espacio siempre me ha servido para cicatrizar y sanar. Escribir es – al menos para mí – una manera de sacar lo que me está matando por dentro, hacerlo visible, amigarme con ello, y seguir adelante. Agarrar algunas palabras que duelen como espinas y ver cómo sangran mis manos al escribirlas, mis ojos al verlas y mi alma al sentirlas.

El mar sigue yendo y viniendo al frente mío. De alguna manera algo cambió en estos minutos: quizás las lagrimas también tienen el poder de despejar la vista y ver todo más claro.

The sweet hello, the sad goodbye ( La dulce bienvenida, el triste adiós) suena en mi mente:

Red like fire was the day I met you (Rojo como fuego fué el día que te conocí)
I tell you now, there are no regrets (Te digo ahora, no hay arrepentimientos)
In this room there are many memories (En esta habitación hay muchos recuerdos)
Some are good, some I try to forget (Algunos  son buenos, otros trato de olvidar)

I thought we were the chosen ones (Pensé que seríamos los elegidos)
Who were supposed to fly (Que se suponían debían volar)

 

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