20 agosto 2010 1 Comentario

Un tiempo sin escribir, un tiempo para pensar

Miro y hace casi un mes que no escribo en el blog. No es que haya estado muy ocupado pero sí mi cabeza lo ha estado como para sentarme y plasmar en palabras todas las cosas que se me cruzan en muchos momentos: sensaciones, sentimientos, ideas  y tantas otras.

Estoy sentado en un silloncito rojo de símil cuero, con apoyabrazos,  y un respaldo alto. Una mesita baja, redonda está frente a mí y por primera vez, estoy escribiendo en una pocisión algo rara. La pantalla de la Macbook me mira desde abajo inclinada y yo la miro desde arriba. Como “sobrepicado” si hago una metáfora fotográfica. Ésta vez no hay alineaciones perfectas. Pareciera ser que de esta manera tambien se puede escribir, aunque creo que en pocos minutos mi nuca comenzará a sentir lo raro de esta posición. Pero bueno, la ventana está a mi derecha, veo la gente pasar de reojo y mi humor cambió de taciturno a ansioso por escribir y cómodo con el lugar y la situación.

Estoy en el café Bonafide, ése que está a la vuelta del Patio Olmos y pegado al Amerian. De hecho vengo del bar del Amerian. Quise por primera vez sentarme en ése bar y elegí un buen espacio, esos que tienen los sillones verdes de cuero con muchos botones que hacen que parezcan asientos con celulitis o los sillones de películas inglesas de los años 50. Pedí un agua mineral y la conexión a internet inalámbrica. Luego de que ingresara un usuario de 12 dígitos más una clave de 8, el no poder abrir páginas  por la escasa velocidad decidí me ganó a las ganas de disfrutar ese bar y terminé dejando de darle mi apoyo moral y físico: pagué y me fuí. El dicho reza: mejor malo conocido que bueno por conocer.

Y ahora estoy en el Café Bonafide de la calle Hipólito Irigoyen. No es que sea mala esta Cafetería, todo lo contrario, si lo tengo que comparar con los vecinos más cercanos, como Il Gatto, el Bar del Amerian y Rock and Fellers, diría que es lo mejorcito en relación espacio, atención y precios por la zona. Claro, se quedan cortos con la carta pero hoy en día nadie se especializa en nada y a la vez lo hacen en todo. Ésta ya no es sólo una cafetería sino que también podés pedir algo para comer. Il Panino ya no vende sólo sandwiches y podés almorzar o cenar grandes platos. Nadie quiere resignar pareciera y nadie quiere profundizar o acentuar en lo que son buenos. A veces da la impresión que son mediocres en todo por no centrarse sólo en una cosa. No quiero decir que éstas marcas o locales lo sean, pero vamos! dá que pensar no?

Habría que estar del otro lado quizás. O sea del lado del empresario que pone un local, centrándose en un producto y de golpe y porrazo le piden un Chopp. Nadie quiere perder clientes. “Es una cafetería señor”. Y eso pasa hoy en muchos lugares. Todo ha perdido identidad y la identidad es la misma para todos. Todos sirven café, todos ofrecen tortas y todos tienen menú diario y ejecutivo. A la hora de decidirte quien hace el mejor café en la ciudad, es difícil hacerlo.

Desconcentrarte hace que pierdas el hilo y las ideas. Y que lleguen otras. Llego la merienda, un pequeño corte de luz que nos dejó a todos sumidos en la oscuridad pero todos aquellos que estaban acompañados siguieron con sus charlas. El ambiente así lo requería. Las luces de los autos afuera seguían pasando y las farolas de la ancha vereda seguían encendidas. Nadie se dió cuenta al parecer que por algo más de 5 minutos estuvimos sin luz y sólo nos iluminaba la noche de afuera. La noche adentro tenía otro matiz, otro calor, otro aroma. A café. A sandwiches, a chocolates. Una identidad particular en definitiva.

Una Respuesta de “Un tiempo sin escribir, un tiempo para pensar”

  1. Enrique 21 agosto 2010 a las 1:16 am #

    Sin embargo siento que en otras partes del mundo, todo está cambiando a una oferta más enfocada.

    Tal vez sea un efecto de nuestra economía … el futuro proveerá.


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