18 septiembre 2005 1 Comentario

Volver. Irse. Lo mismo.

Pensando quizas al a distancia de los dias ahora… estoy mas tranquilo. Quizas faltaban escuchar o decir ciertas palabras. Por más que siempre crea uno estar preparado, nunca lo está para una primera vez.

No importa cuantas veces lo haya imaginado, visualizado e su mente, nunca, jamás, es lo mismo a vivirlo en la realidad. Y siempre, existe esa primera vez que hace que l as siguientes, sean ya comunes.

En eso caí. A mis 30 años me di cuenta que a partir de ahora, con la ida de mi abuelo, las siguientes van a ser comunes. Pero no por eso dolorosas. Sino, comunes. Fué la primera, pero no la última, y no me imagino irme antes que se vayan otros de mi alrededor. Y no porque me crea inmortal, sino porque no me imagino que estén parados a mi alrededor, cuando en realidad, es uno el que debe estar al lado cuando los demás partan.

Miles de cosas. Muchas. Mi abuelo fué, es una persona especial p ara todos nosotros todavía. Yo no tuve una gran conexión con él. Pero no por afecto. Al contrario. Era un hombre de pocas palabras y yo, desde chico, le tuve una especie de respeto, y miedo. Y su mirada de juzgamiento era mas fuerte que cualquier otra cosa. Quizás por eso me aferré mas a mi abuela. Y creo que ese es el punto de mi sufrir. Que ella, ya no tiene a mi abuela al lado.

Y verlo de una manera más mundana y divertida si se quiere, ya no tiene a quien retar, cuidar, mandar, vigilar, preocuparse,vivir por él.

Caigo en la cuenta de que cuando uno ha dejado de vivir su propia vida para pasar a vivir por otra persona, no debe ser fácil recuperar lo que hace años ha dejado de tener. Su propia vida.

Y no porque la otra parte lo haya exigido, el de dedicarse de completo casi a la otra mitad, sino porque “la obligación” lo demanda. Esa obligación interna que por más que a veces, reneguemos internamente y deseemos otra cosa, lo hacemos igual. Porque l os principios están antes, y la toalla no se tira así por así. Y mucho menos si “sos de otros tiempos”.

Ahora veo todo más tranquilo. Y mis miedos comenzaron a desaparecer. No sé. Quizás fué exagerado todo. O no. Solo que salieron solos. Los gritos, el llanto desconsolador y ese tapón interno que sacó una voz de llanto que no conocía.

La distancia, y el tiempo se encargan de decir, enseñar y mostrar muchas cosas. Siempre pensé,siempre me dije, que, por una experiencia fuerte las personas cambian. Incluso físicamente. Pequeñas señales en su rostro o cuerpo pueden comenzar a aparecer, como por arte de magia.

Yo, el que siempre se vió como un niño, el que todavía no se ve como debería verse, el que cuando mira hacia si mismo sin espejo, no ve al mismo que refleja éste, pensé que esta primera vez sería el comienzo de mi acercamiento y aceptación a la realidad. Pero no estoy seguro que así sea. O quizás los tiempos no sean tan rápidos y los procesos tampoco. Y el reflejo de lo que sucedió y lo que sentí aparezcan de a poco y se reflejen.

Mi abuelo ya no está. Y el me escucha. Eso me faltaba escuchar. Y ahi me tranquilicé. Ahi, justo ahí, dejé de estar triste. Y de llorar. Algo tan sencillo como eso que lo escuché miles de veces en películas, en historias y comentarios. Nadie me lo había dicho. Sólo mi madre por teléfono. Y ahí supe que mis sentimientos eran reales y que al cielo, uno, no le puede mentir.

Una Respuesta de “Volver. Irse. Lo mismo.”

  1. snarf 19 septiembre 2005 a las 4:04 pm #

    Su abuelo hacía 7 días que se había ido, despues de casi un mes de agonizar; el estaba parado frente a una virgencita, en el living de casa… le rezaba… rezaba por él. Estaba sólo, pero hubo un instante en el que se estremeció; sintió una precencia, lo sintió a él, pero no se animó a darse vuelta… esa noche lo soñó… su abuelo le dijo que él estaba muy bien, en un lugar muy hermoso, que no se preocupen por él… que cuide a su abuela y que nunca le dejen de hablar, porque él siempre nos va a estar escuchando… desde ese día, no le pido cosas a Dios directamente… siempre se las pido a él, a mi abuelo… que supongo intercede; cuido mucho a mi abuela, que lo extraña como el primer día… y nunca, pero nunca dejé de hablarle…


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